“Una pelota tan pequeña no te puede dominar a ti”, eran las palabras que regularmente escuchaba Yoanner Negrín de su papá, Francisco, a los 13 años.

El originario de la Habana, Cuba, comenzó ocupando la posición de primera base o shortstop y “era bien malo (como bateador), la verdad”.

En ocasiones, subía a la loma. Su padre también fue pitcher. En el equipo en el que jugó en su adolescencia, Francisco era el mánager.

Negrín comenzó a mostrar más cualidades como lanzador y otras organizaciones le empezaron a dar la oportunidad. A los 19 años, fue la primera ocasión en la que consideró dejar el deporte, porque no le daban oportunidad en la novena de su provincia, ya que quería jugar en la Serie Nacional de Beisbol. Le comentó a su papá que ya no continuaría jugando.

“Fue un momento de frustración, porque realizaba el trabajo”, cuenta Yoanner.

Carlos de la Torre, amigo del padre del pelotero, le dio la oportunidad de jugar con Matanzas, franquicia con la permaneció cuatro campañas: del 2005 al 2008. Su mejor marca fue en la temporada 2007-2008, con 11-5 y una efectividad de 3.37.

El representativo de la Habana lo buscó para sumarlo al roster, la opción la declinó y prefirió continuar con la organización que le había dado esa primera oportunidad.

Con 27 años firmó con los Chicago Cubs y permaneció en ligas menores del 2011 al 2015 —en dicho periodo, también fue parte de los Olmecas de Tabasco, la primera ocasión en la que jugó en la Liga Mexicana de Beisbol fue en el 2012.

En el 2009, fue la segunda ocasión en la que también contempló dejar de jugar beisbol. Negrín cuenta: “No te dan la oportunidad cuando no eres prospecto como yo, que cuando firmé tenía 27 años. Cada vez que lanzaba tenía que tirar un juego perfecto, es algo que no sucede y uno se va frustrando. No pierdes el amor por el beisbol, pero sí el deseo de seguir jugando; tuve una oportunidad más y se me abrieron las puertas en México”.

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El lanzador cubano fue parte del roster de los Olmecas de Tabasco en la fase regular del 2012, el 2014 y para el 2015 se integró con los Leones, franquicia con la que disputa su quinta temporada sucesiva.

En el periodo que ha permanecido con el representativo de Yucatán, en cuatro campañas se ha colocado entre los primeros 10 lanzadores con mejor efectividad en la liga.

Su marca con la organización de Yucatán es de 47 victorias por 13 derrotas. En lo que se ha disputado de la presente temporada tienen una marca 6-3 y una efectividad de 2.73, que lo coloca en la segunda posición en la LMB.

Comenta que, a medida que pasa el tiempo, tiene una mayor confianza, disciplina, y el trabajo que ha hecho con sus coaches le ha ayudado a mejorar. En la presente temporada ha hecho una serie de ajustes, porque puntualiza que la bola vuela mucho, “en la localización de los pitcheos bajos, trabajar en todos los pitcheos y con los que más batallo”.

Entre los lanzamientos que busca mejorar es la curva y slider. Su principal guía como jugador fue su papá hasta el 2014, “es increíble que mis mejores años, él (Francisco) no los pudo disfrutar, entonces es algo que me da fuerza para que cada vez que salgo lo haga lo mejor posible para que se sienta orgulloso de lo que hago”.

El mejor récord en la LMB lo registró en el 2016, con 18-1, y una efectividad de 2.29. En dicha temporada fue nombrado como el pitcher del año.

Además, menciona que ayuda al equipo en todo lo que puede cuando está en loma o alentando a sus compañeros.

“Aunque me vaya mal salgo al otro día a trabajar temprano, me gusta que ellos traten de ver eso positivo y traten de sumarse, tener una unidad y tratar que las cosas salgan lo mejor posible durante la temporada”.