Un rey que no escondió sus lágrimas tras su quinta victoria en Roland Garros. Rafael Nadal aún se conmueve como el humano que, muchos afirman, no es.

Y es que las características del español hacen pensar que es sobrehumano. La fuerza mental y determinación del ahora número uno del mundo desde el inicio de su carrera es algo notable.

Nadal inició a los nueve años su camino en el tenis. Con 17 años se convirtió en el segundo tenista más joven en ingresar al top 100 de la ATP, también fue el segundo más joven en conseguir un Master Series y el segundo más joven en llegar a la tercera ronda en Wimbledon.

Es por eso que sorprendió a todos. La característica esencial en el juego de Nadal es la potencia física y la capacidad de darle un efecto terrible a la bola, las revoluciones que logra imprimir a la pelota obligan a sus oponentes a correr maratones enteros en un partido de tenis, la consistencia, entrega y agresividad de Nadal hacen la hazaña de ganarle algo casi imposible.

Hace apenas unos años, los críticos se reían de él, cuando mencionaba su sueño de ganar Wimbledon, puesto que un jugador de grips tan extremos, difícilmente podría ganar ahí y menos si era Roger Federer su oponente.

Dos años llegó a las finales, la segunda estuvo muy cerca, pero no fue sino hasta su tercer intento en el 2008, donde logró el título.

Pero este superman del tenis, pese a todo, no quita los pies de este mundo, aun cuando un asteroide lleva su nombre desde el 2008. Como cualquier joven de su edad es fanático de los videojuegos, del futbol y del Real Madrid.

En el 2009, Nadal sufrió de una tendinitis en ambas rodillas, otras lesiones en el abdomen y también la separación de sus padres, Sebastián y Ana María, que habían sido el eje de su vida.

Así es el número uno del mundo, humilde, tras sus 40 títulos, siete grandes y un título olímpico.