Para algunos atletas que asisten a unos Juegos Olímpicos, el incentivo de conseguir una presea, en ocasiones, no resulta suficiente. Hay quienes buscan no sólo dejar su nombre en el cuadro de medallistas, sino en la historia de los récords, algunos de los cuales han permanecido intactos hasta por 44 años.

Es el caso del récord más longevo que se mantienen vigente, el cual se impuso en los Juegos Olímpicos de 1968, en el salto de longitud varonil. Aquel 18 de octubre, el estadounidense Bob Beamon sorprendía a todos al marcar 8.90 metros en su prueba y agenciarse así el récord olímpico que este 2012 buscarán romper los atletas cuando salten al tartán el 3 de agosto próximo.

Pero no es sólo la de Beamon una de las marcas a vencer en Londres. De acuerdo con información del Comité Olímpico Internacional, en total son 25 récords olímpicos los que no se han podido romper previos a 1996.

Y, aunque la adrenalina de ver a un atleta romper una marca en competencias olímpicas es intensa, lo cierto es que ha sido en disciplinas como atletismo en las que menos se ha disfrutado esta emoción. Y es que, de acuerdo con los datos obtenidos por este diario, de los 25 récords olímpicos que no se han roto desde 1996, 20 de ellos se han perpetuado en el tartán.

ESTADOS UNIDOS, MANTIENE DOMINIO

Sin duda, los estadounidenses parecen imbatibles en ocasiones. Así lo confirman los números, que muestran que 10 de los 24 atletas que mantienen vigentes marcas olímpicas son estadounidenses, le sigue la extinta Unión Soviética, con cuatro récords en lanzamiento de martillo varonil (Seúl 1988, 84.80 metros), 800 metros planos femenil, (Moscú 1980, 1:53.43 minutos), 4x400 metros planos femenil (3:15.17 minutos, Seúl 1988) y tiro deportivo varonil, 50 metros pistola (581 puntos, Moscú 1980).

Por otra parte, una estadounidense también es dueña de otra marca dentro de los récords. Se llama Jackie Joyner-Kersee, la única atleta que ha logrado sostener sus marcas en dos disciplinas olímpicas distintas en salto de longitud (Seúl 1988, 7.40 metros) y en heptatlón (Seúl 1988, 7.40 metros).

cristina.sanchez@eleconomista.mx