Cuatro días del Mundial y el futbol sólo ha aparecido en chispazos. Como si se les cobrara a las selecciones una renta por dar calidad y sólo algunos aventureros que se animan a buscar una alternativa que esté alejada de la táctica que plantean los entrenadores.

Esa presión de no perder el primer partido ha llevado a los equipos a amarrar a sus mejores armas. Holanda ayer, quizás uno de los equipos con mayor impacto para la tribuna en cada Copa del Mundo, fue lo contrario a lo que siempre ha mostrado y el resultado es que se vio inoperante y hasta torpe. El control del juego con un esquema precavido no es lo suyo.

Argentina ante Nigeria a 10 minutos del final renunció al ataque y sacó a un delantero para defender el resultado. Hasta Diego Armando Maradona, quien en su discurso siempre prioriza el espectáculo le inundó el espíritu del pizarrón con el fin de ganar en su presentación mundialista.

En los 10 partidos que se han disputado sólo se destaca el poder alemán, que juega a un mismo ritmo todo el tiempo, ante la limitada Australia.

Francia, Italia, Argentina y Holanda habían generado expectativas entre los aficionados y éstos se llevaron un chasco.

Lo peor es que en pleno Mundial se observa a fans bostezando a las 3 de la tarde cuando Holanda, calificado por especialistas como un equipo ofensivo, realizaba jugadas intrascendentes.

Los técnicos han amarrado a sus equipos. La presentación representa un temor para todos y eso no entiende de etiquetas. Ni Italia, campeón del mundo, ni tener al mejor jugador del mundo, Messi, han escapado a que los planteamientos para no perder, ganar será para después.