Una tarde de contrastes se vivió en la séptima novillada de la Plaza de Toros México, Miguel de Pablo cortó una oreja mientras a Jaime Adrián se le fue un ejemplar vivo a los corrales y decidió cortarse la coleta.

La tarde fue complicada, los alternantes tuvieron que porfiar con la mansedumbre y lo aplomado de sus bureles por lo que la emoción se tuvo que dar por parte de los toreros y así lo entendió el español Miguel de Pablo.

El primer ejemplar y que al final fue el mejor del festejo a pesar de su debilidad, le permitió al diestro ibérico saludar en el tercio, pues luego de una faena con temple y que le llegó a la gente, dejo una estocada baja que le privó del triunfo.

Con la tarde a cuestas y el orgullo herido, de Pablo no se conformó y salió a por todas frente al segundo de su lote, mismo al que recibió con lances a la verónica y chicuelinas para después realizar un vistoso quite por zapopinas.

Llevó al astado frente al picador para después torear en redondo con los pocos pases que le permitió el aplomado burel y consiente de que la intermitencia no le redituaría para el triunfo se puso en plan tremendista haciendo varios desplantes.

En el momento cumbre de la faena se le fue nuevamente la mano abajo y dejó una estocada desprendida que al ser de efectos inmediatos provocó la petición del público asistente y le concedieron el apéndice que lo convirtió en el triunfador.

Antonio Galindo estuvo tesonero ante su primero, un novillo parado que regateaba las embestidas y al que mató de estocada entera para retirarse en silencio.

En su segundo estuvo variado en lances y con voluntad en la faena de muleta para ser ovacionado.

Jaime Adrián arriesgó la vida frente a un novillo que se colaba peligrosamente al que mató con media estocada de rápidos efectos para ser ovacionado.

En el último de la tarde estuvo variado con el capote, realizó un quite vistoso por saltilleras, pero se perdió en la faena de muleta y para colmo se puso pesado con el acero por lo que escuchó los tres avisos.

Al dejar ir vivo a su enemigo tuvo un arranque, caminó hacia donde estaba su peón de confianza y le ordenó que le cortara el añadido para dar a entender que se quitaba de los ruedos.