Es un Mundial de precauciones hasta el momento y, además del pizarrón, están en juego muchos millones de dólares, euros, libras, pesos… Hace tiempo que el futbol dejó de ser un deporte para convertirse también en un producto.

De paso, los equipos que lograron su calificación se juegan su prestigio y el de sus patrocinadores.

Brasil que tiene como principal sponsor a Nike, no le sirve demasiado que el Scratch llegue cuartos de final o a Adidas, que México no pase de la fase de grupos, más de US80 millones están en juego.

Sudáfrica 2010 es el torneo de futbol más comercial de la historia. Al menos hay en juego más de 5,000 millones de dólares en el negocio que se disputan las diferentes marcas y que se decidirá en gran medida si sus equipos se mantienen con vida o no en el torneo.

Inglaterra, que quedó fuera de la Eurocopa del 2008, fue un mazazo financiero para sus anunciantes que dejaron de ingresar al menos 1,500 millones de libras.

Selecciones como Francia o Italia, campeón del mundo, pueden obtener más o menos ingresos en la medida en que avancen en el torneo.

El Tricolor, que no tiene contratos ultramillonarios como otras naciones, sabe también que debe cumplir una cuota: llegar, al menos, hasta donde ha avanzado en los últimos torneos, octavos de final.

La billetera puede definir cualquier esquema táctico y es que aun cuando el futbol mantiene cierta independencia, ésta ha sido cada vez más limitada por los millones en juego.

Con lo visto hasta ahora, la mayoría de las selecciones se hallan obligadas a buscar el triunfo, porque deben avanzar para que los contratos se mantengan con vida.