Londres. Es cierto que nunca se está suficientemente preparado para albergar unos Juegos Olímpicos. Lo saben hoy los londinenses que intentan olvidar que cada día más y más turistas llegan a su ciudad para presenciar las competencias que iniciarán oficialmente el sábado, luego de la inauguración.

No volverá a ser igual Londres. No lo fue desde aquel 7 de junio del 2006, cuando el Comité Organizador de los Juegos develó su plan para transformar la zona olvidada de Stratford. Dudas, desconfianza y errores, los hubo y los habrá.

Así como el coraje que sienten los londinenses por lo afectada que se verá su vida a partir del viernes. Un sentimiento se aprecia: la duda de si el oneroso gasto olímpico recaerá en ellos tras concluir la justa. Ya en una ocasión el gobierno anunció que los fondos de la Lotería, unas 657 millones de libras, que originalmente son utilizados para causas benéficas, serían destinados para el proyecto de los Juegos.

Pero las consecuencias de traer a la capital británica los Juegos Olímpicos van más allá de los sentimientos. De acuerdo con un estudio realizado por Hometrack, una empresa que analiza los negocios de bienes raíces, el impacto de los Juegos Olímpicos en el precio de las propiedades ha sido exponencial.

Mientras que en el 2005, cuando Londres ganó la sede de la justa, el promedio del valor de una propiedad en el área E15 donde se ubica Stratford era entre 10 y 20% más bajo que en cualquier otro lugar de la capital británica, a partir del 2006 los precios se han disparado de 30 a 35% en promedio.

Gran negocio para algunos. Otros más bien padecen ya el efecto de albergar unos Juegos Olímpicos. Hay quienes han arriesgado comodidad y horas de sueño para evitar el tráfico que se incrementa entre las 7 y las 10 de la mañana y las 6 y 9 de la noche.

El metro representa la mejor opción, aunque las líneas que conectan con el Parque Olímpico han sufrido alteraciones, incluso la Central Line, la principal de Londres, no tendrá conexiones durante los Juegos.

No sólo eso. Si de por sí el nivel de vida de un londinense es alto, hay quienes tratarán de ahorrar lo más posible durante los próximos 15 días. Antes del viernes, habrá quien aproveche para cortarse el cabello con el look más novedoso y a un precio que no es olímpico . Desde ya, los londinenses han salido a los centros comerciales a comprar ropa y souvenirs antes de que suban de precio.

Del mismo modo, las empresas tienen miedo por el ausentismo laboral. De acuerdo con una encuesta a personal de oficinas realizada por la consultora Badenoch and Clark, 60% de las empresas no tenía un plan certero para evitar la ausencia.

Pero no todo ha sido tan malo. La demanda de hospedaje para el millón de turistas que recibirá Londres, además de la amenaza del caos que provocarán los Juegos, han llevado a muchos ciudadanos a abandonar la ciudad.

Han decidido rentar sus casas, condominios, apartamentos y lofts. De acuerdo con la estimación de CityZen Property Group, una empresa de arrendamiento londinense, al menos 400 propiedades han sido rentadas en la zona de Stratford y, en promedio, los arrendatarios obtendrán ganancias de entre 8,000 y 10,000 libras a la semana. Ya podrán enterarse por TV, radio o Internet de lo que suceda.

A un día de la inauguración de Londres 2012, al aeropuerto de Heathrow seguirán llegando los vuelos con los miles de turistas, atletas y miembros de la familia olímpica.

La ciudad se prepara y aunque los londinenses sonríen, no esconden su enojo ni perdonan que su gobierno y los organizadores de éstos, sus terceros Juegos Olímpicos, hayan vuelto aún más caótica la capital de Inglaterra.

cristina.sanchez@eleconomista.mx