La función pacifista que los Juegos Olímpicos intentan llevar al mundo no siempre consigue el éxito de su precepto. El evento de magnificencia mundial se esmera en promover valores que acerquen a la humanidad.

Próxima a desarrollarse la justa deportiva número 30, esta cometición, junto con el máximo rector de los juegos, el Comité Olímpico Internacional (COI), ha presenciado diversos conflictos en el orbe, que van desde guerras mundiales, pugnas políticas e ideológicas entre distintas naciones, así como otros actos de violencia.

JO no han aportado a la paz

Entrevistado por El Economista, Ariel Rodríguez Kuri, doctor en Historia por parte del Colegio de México, afirma que no existe un ejemplo que ilustre una amplia aportación de los JO hacia la paz mundial.

Quizás esa solución de compromiso se encontró en Barcelona 1992 con respecto a la representación del bloque soviético, que estaba en plena desintegración. Los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 fueron una propaganda para el nacionalsocialismo y las ideologías menos pacifistas de la historia contemporánea , expone.

Otro instante distintivo en que el olimpismo fue promotor de armonía en el orbe, sucedió en 1920 cuando en Amberes se empleó por primera ocasión la bandera blanca con los cinco aros, miles de palomas fueron liberadas y se recordó a las víctimas de la Primera Guerra Mundial.

Veintiocho años más tarde, en Londres aún se resentían los estragos de la Segunda Guerra Mundial, la cual provocó que las naciones participantes en la disputa no tomaran parte de la competencia.

Los Juegos de 1968, en México, se llevarían a cabo días después de la matanza de miles de estudiantes en Tlatelolco y sería la primer vez que una mujer (Enriqueta Basilio) llevara el fuego olímpico.

En Múnich 1972, el COI suspendió por más de 30 horas el desarrollo del evento, debido al asesinato de nueve atletas israelitas por parte de un grupo terrorista palestino.

Visiones encontradas

Uno de los fragmentos de la Carta Olímpica estipula que el objetivo del olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana .

Aun cuando el COI y los países sedes planteen el éxito total de cada edición y hablen de la construcción de un mundo mejor a través del deporte, existen las reservas sobre la efectividad.

Rodríguez Kuri considera que implícitamente, el discurso olímpico trae emparejados ciertos discursos de tolerancia que a veces se subestiman. Sigue siendo un espectáculo importante que aboga por la convivencia, pero no tiene el poder y capacidad persuasiva para lograr la paz .

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