Londres. El estruendo de la música irrumpe en la plaza de la Villa Olímpica. El protocolo de los izamientos de banderas, en donde con absoluta formalidad se presentan las delegaciones de los países que verán elevar sus lábaros patrios, toma otro sentido cuando aparecen jóvenes londinenses, irlandeses y escoceses disfrazados de arlequines, en zancos, con las caras coloridas y trajes exuberantes.

Sin precedentes. Atletas, comisionados y jefes de misión están maravillados. El protocolo ha sido olvidado y sólo hay lugar para la alegría, comparsa armoniosa que representa a una reina, la reina dorada que da la aprobación a todo aquel que pisa la Villa Olímpica.

Nunca había visto algo así , expresó Juan Manuel Herrera, doctor de la delegación mexicana quien ha asistido a los izamientos desde Atlanta 1996. Canto, música, espectáculo y danza se han encargado de romper el formalismo que se antoja en este tipo de ceremonias.

Llega también el momento de elevar las banderas. Sube la de México y se enchina la piel. Suena el himno, el mismo que los atletas esperan volver a escuchar en estos Juegos. Junto a nuestra bandera se izan la de Nicaragua, Perú y San Vicente y las Granadinas.

La caravana se despide con el mismo estruendo. Ha valido la pena , reconoció Jack, miembro del grupo teatral quien fue uno de los 30 elegidos entre 700 personas para participar. Tan sólo en este día, Jack, al igual que sus compañeros, ha repetido el espectáculo al menos 10 ocasiones frente a 37 delegaciones.