Polokwane. Si la pasión se midiera en distancias, seguro la de México estaría dentro de los primeros lugares.

El recorrido de nuestro país a Johannesburgo, de ahí a Polokwane y el martes a Rustenburg suma en total 16,000 kilómetros, que algunos aficionados no dudaron en afrontar.

Nadie como el mexicano es tan fiel. Mientras los brasileños abuchearon a su Selección a medio tiempo ante Corea, los Bafana bafana silenciaron sus vuvuzelas en la derrota con Uruguay, los españoles culparon a todo el mundo por perder ante los suizos, los argentinos dejaban de cantar por ratos, aun cuando apabullaron a los orientales. Pero los seguidores verdes no.

Lo mostraron ayer los mexicanos, quienes por carretera, avión o autobús anunciaron que la Selección nunca va sola. Un dato que puede ser un indicador de la euforia verde: por cada cinco coches con aficionados mexicanos iba uno francés rumbo a Polokwane.

La gente de otras naciones se sorprende del fervor que causa La Verde. Simplemente no lo entiende. Pero, ¿qué no tienen problemas económicos? , pregunta un aficionado inglés.

Así es. La crisis que azotó a todo el mundo también afectó a nuestro país. Pese a todo, los 15,000 mexicanos están felices por seguir al cuadro que dirige Javier Aguirre y para ello han gastado en conjunto casi 140 millones de dólares en la adquisición de paquetes y boletos para ingresar a los partidos.

A la distancia, los nacionales también han impuesto modas. Cada vez que aficionados de otras partes del mundo miran a uno de nosotros, el primer grito es ¡putoooo!

La voz de guerra contra los porteros visitantes, que nació en el Estadio Jalisco en el Preolímpico de Atenas 2004, es ahora un referente para los extranjeros.

Ya sea por ahorros de cuatro años, un regalo de bodas o hasta un simple desembolso de la chequera, cualquier forma es válida para llegar al ahora gélido Océano Índico.

Nuestro verde es inconfundible. No hay nada que lo haga similar a otros y así, no conformes con gastar 9,000 dólares en un paquete para estar en el Mundial, ahora se equipan y no dudan en comprar la playera negra (agotada en México), la gorra y las chamarras. Al menos entre productos de la Selección adquiridos en Sudáfrica, un aficionado gasta poco más de 500 dólares.

Ni la distancia ni el bolsillo son pretextos para no estar aquí. Vale lo mismo un sacrificio económico que sólo un guiño a la billetera. Todos apoyan igual. Lo que está claro es que México nunca está solo, es quizás la fidelidad más grande del mundo. Muestra de que ni un océano es capaz de terminar con un amor que es para siempre.