Londres. No ha servido a Jannet Alegría persignarse una y otra vez antes de subir al tatami. Encomendarse, como siempre lo hace previo a sus competencias, a la Virgen de Guadalupe, no resultó esta vez. Porque no supo, no encontró la manera, la mexicana quien participó en sus primeros Juegos Olímpicos, de ganarle a la croata Lucija Zaninovic, experimentada taekwondoín que se impuso en el combate de la categoría de -49 kg por punto de oro, para llevarse el bronce y dejar con las manos vacías a la queretana.

Intentó no llorar, hacerle honor a su apellido. No lo hizo, no tenía argumentos la diminuta y espigada figura de Alegría para sentirse orgullosa del quinto lugar que ostentará en la historia de Londres 2012. Porque había sido un día largo, intenso y me hubiera gustado subir al podio . Pero no.

Es verdad que Jannet ganó su primer combate ante la jordana Raya Hatahet con un 10-1 implacable. La esperanza brillaba en los ojos de la queretana, que entró confiada, segura y decidida. Impactó una y otra vez el peto de la jordana, que apenas asomaba los ojos detrás de los cabellos desaliñados, asustada.

Vendría, pues, el combate contra la española Brigitte Yagüe. No fue ése el momento de brillar para Alegría. A su ya de por sí duro gesto, se le sumó la vorágine de golpes con la que se presentó Yagüe en el tatami. No tuvo, la mexicana, oportunidad alguna y, uno tras otro, fueron cayendo los puntos que se amontonaban de prisa en el pizarra electrónica.

No había en los ojos de Alegría el mismo dejo de autoridad que tuvo con Hatahet, no hubo técnica, seguridad. En cambio, sí un 8-0 que dolió como el más duro golpe recibido esta tarde. Era cuestión de esperar y, debido al nuevo formato de combate, existía una esperanza para Jannet, pues si la española llegaba a la final, llevaría a la mexicana a un repechaje que le permitiría pelear por subir al podio con un bronce.

El susto llegó cuando la española, ya en la semifinal, apenas pudo ganarle a la tailandesa, Shu-Chun Yang, quien iba encima por 3-0, pero Yagüe sacó la casta para remontar e imponerse con un contundente 9-3. Estaba hecho. México podía soñar con un metal, en un deporte en el que ya ha sido una costumbre olímpica estar en el medallero.

Para el repechaje, Jannet no tuvo problemas en vencer por 7-2 a la panameña Elizabeth Zamora. Era un hecho que iría por el bronce.

Pero los dados estaban cargados para que la fortuna no le favoreciera a Jannet. Y fue fiel la queretana a su religioso gesto duro al salir al tatami. No olvidó persignarse, porque sí, repite que siempre lo hace, para su enfrentamiento ante Zaninovic.

Resiste el nudo en la garganta Jannet, cuando cuenta que empezó ganando, que ante la notable ventajosa altura de la croata su recurso único era el contraataque. Mantiene la voz temblorosa mientras dice que se equivocó, cuando tras un 4-1 en el primer round, para el segundo asalto se dejó empatar luego de hacerse hacia atrás y permitir que Lucija le conectara la careta.

Soporta las ganas de desbordar las lágrimas, cuando piensa que a su diminuta figura le ganó el enorme escenario que es el complejo Excel de Londres. Y la gente. Que no paró de gritarle que no se desesperara. Y la presión de concluir empatadas y el punto de oro y el justo momento ése del final, cuando restaban sólo 41 segundos para terminar y sucedió.

Zaninovic extendió su larga pierna y el sonido de un golpe seco acalló el complejo. Contuvo el sentimiento Jannet, no lloró. Porque acostumbrados estamos a los golpes , miente al tiempo que huye. Quizá éste sea un golpe difícil de sanar.

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