Londres. Los edificios germinan de entre las vías de ferrocarril y las industrias olvidadas de Stratford. Es el este de Londres, un lugar en donde, hasta hace un par de años, sólo había basura, edificios viejos y una inservible vía de ferrocarril que fue remodelada únicamente para poder traer el moderno material del que está conformada la Villa Olímpica.

Abran paso. El complejo de edificios es el saludo que da al visitante el Parque Olímpico, ubicado justo frente a la estación de tren Stratford International que conecta a toda la ciudad. Pase usted, no sin antes sortear dos filtros de seguridad, el primero operado por personal de la milicia británica, el segundo por policías londinenses que lo hacen atravesar una y otra vez el detector de metales, si acaso les parece sospechoso.

Son sólo algunas de las más de 20,000 personas que trabajan en la Villa, entre las cuales se encuentran voluntarios, personal de seguridad y operativo, y militares.

Está usted justo ahí. A sus espaldas, Westfield, un moderno centro comercial construido para armonizar con la frescura que se destila aún de la pintura de los edificios, que ha sido cubierta, casi por completo, de los coloridos de banderas. Por allá se mira la de argentina, más allá la canadiense, y por el otro lado, mirando al Estadio Olímpico, la villa de los británicos que han llenado dos torres completas con sus banderas.

Puede usted caminar, adentrarse por las calles de gravito que escupen piedritas al caminar. Sienta el cosquilleo en los pies, disfrute el olor a pasto fresco. Escuche.

Decenas de idiomas invaden los oídos, decenas de acentos se mezclan. Es una moderna torre de Babel. Mire a los atletas, a quienes no nos han permitido entrevistar en este día, pero podemos verlos caminar, sonreír, disfrutar del sol que chamusca la piel.

Adentrarse a la Villa Olímpica es como estar en una ciudad de ensueño. A su izquierda, por la avenida Coubertain, está la policlínica, que tras los Juegos Olímpicos se convertirá en un hospital en forma.

Un poco más adelante se puede ver el Centro de Información para atletas, donde la atención es personalizada para aquel distraído que no recuerda cuándo competirá. Toda la ayuda está ahí. Unos pasos más adelante, un innovador gimnasio nos espera.

De acuerdo con los voluntarios, el Fitness Centre se convertirá en una escuela para esta pequeña ciudad. Una caminadora en la que se puede ver televisión, accesar a Internet o simplemente escuchar música. Unos aparatos que servirán lo mismo para atletas convencionales que para los paralímpicos. Las que en poco tiempo serán aulas, se ocupan para aquellos atletas, como las gimnastas, que necesitan más espacio.

Caminamos sobre Celebration Avenue y ahí está el Main Dinning Hall, un comedor que tiene una capacidad para 5,000 personas, que cuenta con 500 chefs, que sirve unas 20,000 comidas al día y que se espera sirva más de un millón de platillos en las próximas dos semanas.

Podemos encontrar comida internacional, una hamburguesa, un delicioso sushi, un corte argentino, fish and chips y hasta un burrito mexicano. Deleitar el paladar de los que ahí habitarán estas semanas es el objetivo.

Caminar por Sunrise Close y dar vuelta sobre Victoria Parade, nos harán rodear el Victory Park y llegar a The Globe, un área de entretenimiento donde los atletas se relajan lo mismo jugando billar, que leyendo o jugando futbolitos. No pueden faltar los videojuegos que son los más solicitados.

Llegamos pues al final del recorrido, no sin antes pasar por la Village Plaza, donde se izan las banderas. ¡Qué bonita se ve la de México que ahí ondea!

[email protected]