Consciente de que cualquier duda le privaría del triunfo, que podría quedar nuevamente relegado al olvido en las contrataciones aunque la pasada de injusta manera, José Mauricio apostó todo a una carta, tiró el volado a ‘cara o cruz’, a ‘matar o morir’, ya que las condiciones de la cornamenta de su enemigo no le habían permitido instrumentar la faena deseada pues ‘Malagueñito’ fue un toro cornipaso (con los largos pitones volteados hacia afuera), amen de que se revolvía con rapidez buscándole los costados, no tuvo de otra que entregarse con valor en la suerte suprema y dejar una estocada entera y que fue mortal pero no se salvó de ser alcanzado y achuchado en la arena hasta temerse hubiera sido cornado.

Y es que el torero nacido en la capital fue valiente como el qué más, lleno de arte y épico arrojo se pegó un arrimón, arriesgó en demasía y entregó de tal manera el pecho al tirarse a matar, que su gesta tuvo el resultado esperado pues la gente en los tendidos prácticamente obligó al juez Enrique Braun a concederle dos orejas cuando éste sólo pretendía dar una.

Una vez que regresaba de la enfermería, Mauricio recibió los apéndices, lloró ese tipo de lágrimas que suelta un hombre que ha luchado a brazo partido por un sueño y al final fue sacado en hombros por los conmovidos aficionados del coso.

En su primero José había ya dado muestras de su objetivo. Los lances, el quite y la extraordinaria media con la que remató el tercio así lo demostraban, esta actitud continuó en su faena de muleta en la que los pases tuvieron ritmo, sensibilidad y las pausas adecuadas para hilvanar lentas tandas que le fueron muy coreadas, sin embargo, no estuvo fino con los aceros y dio la vuelta al ruedo tras escuchar dos avisos.

Mención aparte merece Fermín Rivera, quien logró momento muy lucidos por el lado derecho ante su primero, un ejemplar al parecer lastimado, casi inválido, que dificultaba su trasteo y al que a base de entrega, valor y constancia metió en el engaño; infortunadamente se le fue la mano muy abajo luego de pinchar y lo llamaron a saludar en el tercio.

Lo mejor llegó con el segundo de su lote, un burel del que brindó la muerte a su subalterno Felipe Kinston que se retiró de los ruedos y que no le puso las cosas fáciles, pero al que luego de una labor de madurez, empaque y solvencia, logró llevar en elegantes series coronadas con un estoconazo que le valió un apéndice.

En cuanto al español David Fandila ‘El Fandi’, lo más sobresaliente fue su técnica, condición y valor para cubrir los tercios de banderillas, sin embargo, no quiso porfiar con su complicado lote y la gente se metió duro con él, incluso, su segundo saltó al callejón para lastimar al compañero Paco Cabañas.

El contundente triunfo, tanto de José Mauricio como de Fermín Rivera, los coloca como fuertes candidatos junto con José María Hermosillo y Juan Pablo Sánchez para la novena corrida en la que la empresa anunció a tres triunfadores mexicanos con un encierro de Montecristo.