Las denuncias públicas, actos de protesta y paros que estudiantes, bailarinas o actrices de distintas instituciones educativas y profesionales han efectuado en el país contra los cuantiosos casos de abuso sexual, hostigamiento, violencia física o psicológica es parte de una lucha generacional para romper hegemonías enraizadas, globalizadas y normalizadas en los sistemas pedagógicos y profesionales de las artes escénicas.

“El hecho de que hoy haya la oportunidad de poder hablar, de hacerlo visible, nos da el primer paso, la primera herramienta para tomar cartas en el asunto y garantizar que ese tipo de abusos no sucedan más”, reflexiona Isaac Hernández, primer bailarín del English National Ballet, de Londres, consultado sobre el tema por El Economista en ocasión de su participación en el festival VibrArt 2021, del Tecnológico de Monterrey, donde este fin de semana presentó la conferencia virtual “Vivir con propósito”.

Las denuncias y paros en México, encabezados por alumnas de instituciones como la Academia de la Danza Mexicana o el Centro de Producción de Danza Contemporánea (Ceprodac), contra las circunstancias de violencia  replicadas y tradicionalmente avaladas por sus administradores, se insertan en un panorama global que pone en evidencia aquello de lo que todo el mundo sabía pero aceptaba como un acuerdo tácito. Prueba de ello son los testimonios publicados por este diario el 29 de abril en la nota “La violencia está romantizada en la educación artística”.

No obstante, para el bailarín jalisciense, ganador del Premio Benoise de la Danse 2018, “es muy difícil poder decir que (el caso de violencia normalizada) es único de las artes escénicas. Es un punto que ha fallado en nuestra sociedad: que las personas que asumen posiciones de poder sientan el derecho de maltrato sobre otras personas. Ese es un fallo social. Y necesitamos considerarlo como tal y no solamente como algo particular de una disciplina”.

Denuncias en otras latitudes

Si uno busca en internet palabras u oraciones relativas a abuso, hostigamiento o violencia psicológica en academias de danza y ballet es posible acceder a múltiples casos similares en distintas escuelas alrededor del mundo, algunas de ellas tan antiquísimas como de alto prestigio.

Por ejemplo, durante 2019 la revista austriaca Falter, a partir de una denuncia confidencial, presentó una serie de reportes sobre la situación de la Academia de Ballet de la Ópera Estatal de Viena, donde alumnas y alumnos reconocen haber sido víctimas de maltrato psicológico o “abuso verbal” —algunas alumnas desarrollaron anorexia después de reiteradas humillaciones sobre su aspecto físico (body shaming)— y de agresiones sexuales por parte de profesores y compañeros de la institución.

Los casos se multiplican. En el Teatro Maxim Gorki, en Berlín, hay acusaciones de abuso de poder y clima de miedo infundido por la dirección artística, mientras que en la Escuela Estatal de Ballet de Berlín, cuyo escalón natural es el prestigiado Staatsballett Berlin, una investigación realizada por las autoridades concluyó que el abuso físico y psicológico —incluyendo ataques verbales, humillaciones y hasta golpizas a alumnos, muchos de ellos menores de edad— han sucedido por años sin consecuencia legal alguna.

Hernández propone: “debe haber transparencia en todos esos organismos, un compromiso con el bienestar de los estudiantes que muchas veces ha sido ignorado por el bienestar de las instituciones. Es fundamental empezar a cambiar, que las instituciones nunca estén por delante de los estudiantes. Los procesos que se haya que tomar hay que hacerlos siempre apegados a la ley para que a final de cuentas se haga lo necesario para poder construir una mejor herramienta de enseñanza para los jóvenes”.

“El ballet es para niñas”: violencia desde fuera

Los grandes bailarines en el mundo tampoco han estado exentos de la normalización de métodos pedagógicos transgresores ni de los prejuicios que rodean a disciplinas como el ballet clásico.

Durante su conferencia con alumnos del Tec, Hernández compartió que si bien él y su hermano Esteban fueron educados en casa, por su padre, los prejuicios, la discriminación y violencia contra un estilo de vida como el suyo también emanaba desde fuera de los círculos escénicos:

“Yo había pasado por muchos prejuicios, la gente me decía lo típico: el ballet es para niñas, te vas a morir de hambre como artista, tienes que dedicarte a algo serio, ¿qué va a ser de tu vida? Estás perdiéndola. A mí me frustraba, más que molestarme, que este tipo de cosas pasaran de generación en generación sin saber en realidad por qué y sin entender verdaderamente lo que se estaba diciendo con eso, las consecuencias de esos dichos populares”.

Consejo Nacional de la Danza se solidarizó

La semana pasada el Consejo Nacional de la Danza, integrado por más de 1,200 organizaciones dancísticas, respaldó las denuncias por violencia sexual, psicológica y física a estudiantes: “existe el miedo a la denuncia, ya que en muchos casos los acusados encabezan las instituciones, tienen poder sobre la toma de decisiones en los procesos que cursan los alumnos, las contrataciones y hasta en la asignación de algún estímulo económico (...) es una oportunidad para reflexionar sobre la estructura jerárquica y de poder que se ejerce sobre los más jóvenes”.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx