Holanda calificó a la final del Mundial, luego de renunciar a lo que siempre propagó: el futbol estético y ofensivo.

Esta Naranja es tan mecánica como su apelativo, pero poco estética. Y es que ya lo ha dicho el propio Bert van Marwijk (entrenador del equipo), más vale avanzar que jugar bonito y es que en cierta medida tiene razón, no siempre se puede combinar la calidad con la efectividad.

En ocasiones, sólo alguna de estas dos cualidades da resultado y para Holanda la efectividad es la ideal.

Y así, con todas las críticas respecto de su estilo de juego, ya está en la final.

Las bases que dejó el Futbol Total de Cruyff no le sirvieron hasta el momento a ninguna generación para llegar hasta la instancia donde ahora están.

No se trata ni siquiera de calidad, Gullit tiene más historia que Sneijder; Van Basten es más reconocido que Van Pierse. El tema es un caso de aplicación en el momento del partido.

La Holanda de Sudáfrica es un equipo de empuje al extremo. Jamás se le ve abatida y es tan calculadora como la mejor Italia que nos pudiéramos imaginar; tan letal como la Alemania de los 70; tan talentosa como cualquier equipo de Brasil, y tan temperamental como los equipos balcánicos.

El equipo europeo es un justo finalista. Quizás, para su mala fortuna, el mundo se acostumbró a mirarlos por gusto más que por obligación, por la cantidad de espectáculo que ofrecían. Hoy todos reclaman, pero toda una nación festeja que su equipo esté listo y quizás con más posibilidades que en la era Cruyff para levantar la Copa del Mundo.

Y si así fuera, la revolución del Futbol Total sólo habrá servido para la anécdota, la nueva escuela de Bert van Marwijk ganará adeptos.