Había que triunfar. Los 15 años de espera, tesón y voluntad no se podían quedar en el tintero y aunque los toros de su lote no quisieron saber nada de los engaños, Alfredo Gutiérrez puso el corazón y logró cortar una oreja.

Luego de no alcanzar el triunfo con su primero y sin desesperarse en sus rutinas, el torero capitalino enfrentó a su segundo de la tarde, un burel parado y sin trasmisión que no colaboró con el diestro, pero ante el que estuvo tesonero, lidiador y voluntarioso, hasta extraerle muletazos importantes que coronó de soberbia estocada que por sí sola valía el apéndice conseguido luego de una petición mayoritaria y que inexplicablemente algunos protestaron la obtención.

ANGELINO INDULTÓ UNO DE REGALO

La tarde terminaba inédita, Angelino de Arriaga no se conformó y luego de la falta de colaboración de los toros de su lote, anunció un toro de regalo.

Llegó lo mejor con ese séptimo de la tarde, número 902 de nombre Revolucionario de Jorge María, astado noble, bravo y con mucha calidad al que le realizó una faena completa; lances variados tanto de recibo como en el ajustado quite, que permitió más de 80 pases en tandas por ambos lados y florituras por parte del tlaxcalteca, quien al acercarse a la barrera para cambiar, el ayudado por la espada no pudo contener la ola petitoria del público solicitando el perdón del excelente burel al que finalmente le fue perdonada la vida.

EDUARDO GALLO ACARICIÓ EL TRIUNFO

El torero salmantino se jugó alegremente la vida, a su primero le ponía los muslos de carnada, se pegó un arrimón que de no haber fallado a la hora de matar, lo hubiera podido desorejar; en el quinto de la tarde estuvo igual de valiente, técnico y voluntarioso, en ambos saludó en el tercio.

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