Diablos y Tigres se enfrentan en el estadio Alfredo Harp Helú en uniformes retro. Para la denominada #GuerraDeGuerras (según el hashtag de Twitter), el costo de boletos se elevó 33% respecto a los juegos de fin de semana contra cualquier otro rival y se le dedican posteos diferenciados en sus redes. Son estrategias que, unidas a los resultados deportivos, ayudan a construir la rivalidad más grande del beisbol mexicano.

Los Diablos se apuntaron la serie 2-1: el viernes ganaron 18-2, el sábado 12-5 y el domingo Tigres ganó 6-0. Se han enfrentado en casi 2,000 ocasiones desde 1955 cuando compartían el Parque Deportivo del Seguro Social. Con 66 años de historia es la segunda rivalidad más larga, sólo superada por el Diablos contra Sultanes (81), es por eso que en las estrategias de marketing se alude a la antigüedad.

“Es muy fácil construir una estrategia de marketing a través de una rivalidad tan grande, lo que hacemos es generar discursos a través de imágenes que llevan a la gente a lo que representa la ‘Guerra Civil’. Cuando anunciamos nuestra venta de boletos para esta serie, nos enfocamos en un cartel antiguo”, explicó a El Economista, Israel Ayala, gerente de comercialización y marketing de Diablos Rojos.

Complementando esta narrativa, el fin de semana, tanto Tigres como Diablos jugaron con un uniforme retro. Los Tigres, portando un logotipo de su época como capitalinos, esperaron hasta este enfrentamiento para poder estrenar dicha equipación.

El duelo contra los de Quintana Roo también es uno de los partidos de más afluencia de la temporada, una oportunidad para elevar sus costos e incrementar sus ingresos. A los enfrentamientos del fin de semana asistieron alrededor de 5,500 personas por día, su máxima ocupación en lo que va de la temporada, y el costo del boleto promedio (sin considerar el costo VIP) fue de 209 pesos; en un partido entre semana, como será el caso contra Olmecas de Tabasco, el costo promedio del boleto es de 123 pesos, mientras que para los juegos de fin de semana es de 157.

“No basta solamente con tener una buena estrategia de marketing si el equipo no da resultados, afortunadamente nosotros tenemos al mejor equipo de la Liga, seguimos construyendo y estamos enfocados en la misión 17. Nuestra área deportiva nos apoya plenamente en eso porque gana, da resultados y eso aporta mucho más”, dijo Ayala.

Una vez dentro del estadio la rivalidad entre equipos se vive con respeto, se trata de un ambiente familiar cuyas dinámicas y pausas apaciguan los ánimos evitando confrontamientos violentos.

¿Cómo se activa la rivalidad dentro del estadio?

“Cuando tienes a una afición solamente vas encaminando esa pasión por el equipo. No decimos que vamos a continuar con esta Guerras de Guerras porque se puede malinterpretar, fomentamos totalmente un ambiente pacífico dentro del estadio, pero de todos modos esta rivalidad se da con porras, con el respeto que le tienes al aficionado. También en esta pandemia es difícil poder activar todo ese tipo de cosas que va limitando a que este año en específico puedas construir esa rivalidad en el estadio. Es marcar la diferencia entre una buena competencia y que no se vuelva enemistad, entonces creo que nuestro deporte permite muy bien que haya una sana competencia y que cada quien se vaya con su resultado y esperando que la próxima vez pueda ser distinto”.

Agustín Castillo, narrador de 20 años de experiencia con Diablos, señaló que en materia de transmisiones los comentaristas no hacen diferencias entre equipos, todos merecen su preparación y buscan ser neutrales al momento de narrar; al final el objetivo es vender los encuentros.

“La gran diferencia en esta rivalidad no la hacen los jugadores, sino los aficionados. Se escucha más ambiente, yo creo que los aficionados son los que influyen en que el atleta nos regale mejores actuaciones, no he platicado con un solo jugador que no me diga que cuando escucha porras, cuando ve el estadio lleno, se entrega más”.

fernanda.vazquez@eleconomista.mx