La voz no le salió al tratar de responder a la comunicadora, quien preguntaba por sus impresiones, sus sentimientos tras la faena realizada en la que prácticamente se vació y que no le dejaba articular palabra alguna, por lo que sólo se concretó a decir que estaba emocionado, feliz y satisfecho tras recibir los dos apéndices que le valieron triunfar en la primera corrida del año en La Plaza México.

Es Ignacio Garibay, quien recibió al cuarto toro de la tarde, de nombre Ilusión y de la ganadería de Arroyo Zarco, con lances lentos y cadenciosos a la verónica que le corearon por su lentitud.

El diestro capitalino inició su faena de muleta pegado a tablas toreando por ambos lados hacia los medios para cerrar con una tanda por el lado derecho, que repitió ya en el centro del redondel y que le corearon con fuerza luego de correr la mano con suavidad, temple y trasmisión.

En un trasteo siempre a más, Garibay citaba de largo, intercalaba las tandas con cambiados por la cara, adornos y un sinfín de muletazos lentos, profundos y llenos de pasión dentro de una labor de cabeza fría que coronó de soberbio estoconazo que hizo rodar sin puntilla a su enemigo para que así le concedieran las dos orejas que más adelante paseó por el anillo. El toro fue premiado con Arrastre Lento.

En su primero pudo haber cortado otro apéndice; sin embargo, la estocada le quedó baja y únicamente dio vuelta al ruedo.

Por su parte, el torero español, Pedro Gutiérrez el Capea estuvo voluntarioso, en su primero, un toro descastado se retiró en silencio y con su segundo, que se dio una vuelta de campana y salió lastimado, poco pudo hacer y le aplaudieron al final de su labor.

El aguascalentense Mario Aguilar corrió con la peor suerte en el sorteo y porfió con dos ejemplares sin casta y parados en los que se le vio con voluntad para tener un balance de un aviso y palmas al término de sus respectivas labores.