El coach Ramón Díaz solicitó que al staff médico de los Capitanes que estuviera más involucrado y que no sólo se limitara a una serie de reportes sobre el estado físico de los jugadores.

Entonces, casi a diario el fisioterapeuta Paulo Espinosa le indicó al coach cómo estaban los jugadores y le sugirió en algunos casos disminuir la carga de trabajo.

“Entre más carga, es mayor la probabilidad de lesión”, aseguró.

Durante la pretemporada de la organización, que fue de mes y medio, trabajó en la prevención de lesiones para que los jugadores estuvieran a 100 por ciento.

El trabajo que realiza un fisioterapeuta en el equipo significa aproximadamente 40%, sin restar importancia al resto de las áreas que conforma una organización,  “ya que cualquier golpe o molestia (que tengan los jugadores) hay que trabajarla día a día”, comentó Espinosa.

En el segundo año de la franquicia la carga de partidos incrementó en la fase final de la temporada y playoffs, por la participación en la Liga de las Américas. Esta última competencia involucró la última semana de enero y dos del mes de marzo.

Tan sólo en marzo disputaron 15 encuentros entre los duelos de semifinales, finales de conferencia, más las semifinales y final four en Liga de la Américas. Esta última fase implicó viajes a Brasil y Argentina.

Ante dicho escenario, fue el área médica la que intensificó su trabajo para la recuperación de los jugadores. En la última etapa de la competencia el trabajo se enfocó en tres jugadores.

Al tener presencia en dos torneos, la recuperación de los jugadores debía ser lo más rápida posible. Paulo Espinosa explicó que trabajaron con electroterapia y con terapia manual. En relación con la prevención de lesiones se enfocaban ejercicios de fuerza y flexibilidad.

Entre las lesiones más comunes en el baloncesto están los esguinces de tobillo y musculares (golpes, contusiones, distensión muscular).

El fisioterapeuta de Capitanes les vendaba los tobillos a los jugadores después del entrenamiento o juego. Atendía primero los jugadores veteranos y posteriormente a los más jóvenes.

Además, realizaba “una valoración de los jugadores que podrían estar lastimados y dar una valoración si la lesión se acentuó o disminuyó, y después viene la etapa de recuperación”, mencionó Espinosa.

En los días de entrenamiento, por la tarde o noche, si algún jugador requiere de algún tratamiento en particular, le dedica entre 40 minutos y una hora. Cuando el equipo jugaba de visitante, las sesiones con el fisioterapeuta fueron por la tarde y noche.

La experiencia previa de Paulo en el deporte fue con el equipo de futbol Pumas, pero en el baloncesto es donde ha adquirido una mayor experiencia.