El rostro sin expresión, el ceño fruncido y la mirada fija en la puerta de los sustos; no se dibujaba un atisbo de sonrisa en la cara del torero potosino, las pobladas cejas daban un serio rictus a Fermín Rivera, quien no cambió su semblante ni siquiera cuando le fueron otorgadas las dos orejas de Fresnillo.

La faena había sido de figura del toreo, pero en su incipiente carrera quizá aún no alcanzaba a comprender la magnitud de lo conseguido, obra magistral que no pasó desapercibida para los pocos aficionados que se dieron cita en La México y que exigieron los apéndices en esta decimosegunda corrida de la temporada.

Lances y quite bien realizados que no dijeron nada de lo que se avecinaba para el último tercio de la lidia, el sobrino y nieto de los desaparecidos Curro y Fermín Rivera, caminó con resolución al encuentro con el débil ejemplar de San Mateo.

Fue llevándolo al mismo tiempo que cuidaba las condiciones de poca fuerza que presentaba y un toreo sobrio, con empaque, lento y cadencioso, dio inicio.

No se limitó a la salida clásica de abreviar, presentaba la muleta a media altura y acompañaba las lentas embestidas por ambos lados y como deteniendo el tiempo hasta lograr que los olés retumbaran en el coso.

La paciencia, lentitud y valor demostrados, quedaron para la historia como en aquella tarde del 5 de febrero de 1946 cuando los toros de esta misma dehesa llevaron iguales nombres que en la inauguración.

Al final, la salida en hombros, el placer de salir triunfador y la responsabilidad de asegundar en la próxima tarde que repita. En su segundo, abrevió, ya todo estaba dicho.

TRIUNFO DEL CAPEA ?Y FRACASO DE ORTEGA

Pedro Gutiérrez Lorenzo El Capea cortó un apéndice tras una faena de poder y obtuvo silencio en el segundo; Christian Ortega se perdió ante las condiciones de sus toros y se fue en silencio y entre abucheos tras un aviso.

Para la decimotercera corrida de la temporada, la empresa anunció al rejoneador Leonardo Hernández con dos toros de Fernando de la Mora y a los hidrocálidos Arturo Macías y Joselito Adame, para ejemplares de Lebrija.