Quito.- La Feria de Quito, una de las más prestigiosas de América, recibió una dura estocada al prohibirse por una consulta popular el sacrificio del toro en la arena, pero los empresarios prometen mantenerla y con ello una tradición que en Ecuador se remonta a la colonia española.

"Haremos la Feria de Quito, y si está prohibido matar al toro, no habrá ese tercio", dijo a la AFP Juan Salazar, presidente de la firma que organiza el festejo Jesús del Gran Poder, en el que han hecho el paseíllo grandes figuras como El Cordobés, Luis Miguel Dominguín, César Rincón, El Juli y José Tomás.

"Nos sujetaremos a lo que diga la autoridad", agregó Salazar después de que la propuesta del presidente socialista Rafael Correa de prohibir "los espectáculos que tengan como finalidad dar muerte al animal" ganara en Quito.

Previo al referendo, Correa sostuvo que las corridas son un "acto cruel que viola los derechos de la naturaleza" consagrados en la Constitución, y planteó una lidia a la usanza portuguesa, sin matar al toro en el ruedo.

Pero su propuesta, originada en un pedido de defensores de los animales, hace temer a los taurinos por la desaparición de la fiesta brava.

"La intención es eliminar las corridas y con ello unos 100.000 empleos", señaló el matador Guillermo Albán, mientras que Santiago Aguilar, portavoz de un gremio que promueve los espectáculos tradicionales, sostuvo que el veto "sería la antesala de la desaparición" de la lidia.

Aguilar recordó a la AFP que una norma en tal sentido, promulgada en Cuenca (sur) en 2005, provocó que "no se haya vuelto a dar un espectáculo taurino" en esa ciudad, la tercera de Ecuador, donde las faenas datan de 1576.

"Lo que queda claro es lo que sucederá minutos después de que sea retirado de la arena. El toro morirá en los oscuros corrales del interior de la plaza. Existe una doble moral, una hipocresía", criticó.

"En Portugal, el toro vuelve al chiquero y se lo mata. De lo que se acabó la lidia, no pasan tres minutos y lo matan", sostuvo Calahorrano.

Albán insistió en que el objetivo es, mediante una ley posterior de protección animal, "suprimir las corridas" en Quito, cuya tradición taurina "viene desde hace cinco siglos y con una Feria catalogada en todo el mundo como la mejor de América".

Salazar recordó que el municipio de Quito dio permiso provisional para la próxima edición de la Feria -que se cumple desde hace medio siglo en el marco de los festejos decembrinos por la fundación española de la urbe-, con el "acápite de que debe someterse a los resultados de la consulta".

"La fiesta brava no ha perdido. Nos ajustaremos a la regulación", afirmó a su vez el presidente de la Unión de Toreros de Ecuador (UTE), Milton Calahorrano, ante la victoria del gobierno en su propuesta, que fue votada por jurisdicciones y en Quito llevaba ventaja de 50,8% de los sufragios (42,6% por el No), al llegar el escrutinio a 94,6%.

Pese al triunfo oficialista en Quito, los taurinos están comprometidos en hacer prevalecer las corridas a la usanza española en cosos cercanos, como los de la provincia de Cotopaxi (sur), en cuyas localidades se impuso el No.

La muerte del astado también se mantendrá en las ciudades de Ambato y Riobamba.

Mientras en Quito se promueve vetar el último tercio de la lidia, Francia inscribió la fiesta brava en su lista de patrimonio cultural inmaterial el 22 de abril último, convirtiéndose en el primer país en llevar a cabo esta iniciativa.

En Ecuador se cumplen unos 400 festejos al año, mientras que la Feria quiteña capta 70% del turismo durante las fiestas decembrinas, según Calahorrano.

"La actividad taurina mueve unos 30 millones de dólares al año en Ecuador" y un millón de espectadores acude anualmente a las corridas en 155 localidades, apuntó Aguilar.

Una treintena de grandes ganaderías y centenas de pequeños criadores animan la fiesta brava en el país, donde se crían unas 6.000 reses de lidia.