El campeón del mundo y de Europa necesitaba una dosis de autoestima y despejar cualquier tipo de dudas. Goleó a Irlanda 4-0 y certificó que su sistema de juego es el camino correcto y único para ir rumbo al bicampeonato en la región.

Con el equipo de Vicente del Bosque con una crisis de delanteros y de decisiones en la alineación, la victoria ante Irlanda es un verdadero oasis por varias razones.

La primera es porque Fernando Torres marcó un doblete; tras un par de años difíciles después del Mundial, despejó las dudas del Bigotón, de quien tiene que ser su nueve de La Roja, y quizás la mejor noticia es que su sistema de juego volvió a dominar la cancha… Así como lo hizo en el 2008 y 2010, impecable y artístico.

El 4-0 ante los irlandeses tuvo sus dificultades. Los de Trapattoni se encerraron y con estaturas de su defensas superiores a 1.90 metros no es sencillo abrirla. Y así, con el famoso tiqui-taca terminó por dominar el partido.

España llegó a la Euro con ciertos temores, muchos fundamentados en algunos partidos amistosos, donde la pasaron muy mal después de ganar la Copa del Mundo, empataron con equipos menores como Costa Rica o goleados por Argentina y Portugal.

Y aunque en la fase de clasificación la pasaron con calma, las lesiones de Carlos Puyol y David Villa hicieron dudar a todos, ambos pilares, uno en defensa y otro en el ataque.

Luego llegó el partido ante Italia y los azules les hicieron pasar malos ratos. Pero ayer confirmó que tiene equipo para defender la corona. Xavi e Iniesta se soltaron y ganan en confianza, Torres se mira otra vez como goleador y Fábregas se mete en competencia para la titularidad.

Torres marcó en los minutos 4 y 70, el segundo en una aventura de mano a mano que resolvió con la calma que solía tener en Liverpool, tan imponente y killer como era antes de recalar en Chelsea.

Luego el 3-0 al 49 fue obra del tiqui-taca, así llegó el futbolista de City inglés, David Silva, que entre tres jugadores disparó con clase, suave y en medio de las piernas de tres defensores. El 4-0 fue de Cesc Fábregas.

Así, España, vigente campeón del mundo, tomó la confianza necesaria para creerse el mejor y luego ir tras la copa. Antes, a despachar a Croacia, una gitana que ya le espera.