No sólo se trata de ganar medallas. Se trata también de imponer nuevas marcas, de retar los límites humanos.

Para eso, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, la tecnología estará al alcance, al menos, de los mejores nadadores del mundo, quienes podrán reducir hasta en 22 centésimas sus tiempos.

Así lo explicó a El Economista, Arturo Pérez Gavilán, director de Arena México, luego de la presentación del traje Powerskin Carbon-Pro: Es el traje de baño más rápido del mundo , destacó el directivo.

Aprobado ya por la Federación Internacional de Natación (Fina), el accesorio está compuesto principalmente por fibra de carbono y promete ser un protagonista en las piscinas del Centro Acuático de la capital británica.

Tiene una tecnología que le da al atleta una compresión muscular que ayuda a mejorar 12 centésimas en la vuelta de nado y 10 centésimas en la salida, lo que proporciona 22 centésimas de ventaja , advirtió el exnadador y gerente de Marketing de la marca, Manuel Sotomayor.

A decir de los directivos, el traje representa una gran innovación tecnológica. Su precio es de 5,000 pesos para hombres y 7,000 pesos para mujeres y será portado en JO por nadadores como César Cielo, récord mundial en los 50 y 100 metros libres.

Invertimos cuatro años para mejorar nuestra tecnología. Desde que concluyeron los pasados Juegos de Beijing 2008, cientos de personas se han puesto a trabajar (desde costureros, científicos, investigadores...) para proporcionarles a los mejores nadadores del mundo una herramienta que les ayude a ganar , agregó Pérez Gavilán.

De acuerdo con los directivos de la marca, entre 30 y 40% de los nadadores en Londres 2012 utilizará el Powerskin Carbon-Pro. Sin embargo, advirtieron: El traje es sólo una mínima parte de lo que podrá hacer el atleta de acuerdo con sus capacidades físicas. No es magia, es sólo una herramienta para desarrollar mejor su calidad como deportistas de alto rendimiento , destacó Montemayor.

Así, con la tecnología al alcance de la mano, será sólo cuestión de saber quién será el más fuerte dentro del agua.

cristina.sanchez@eleconomista.mx