En Londres llegó el turno para los acróbatas,los superdotados, los equipos de gimnasia varonil. Aquellos que exhiben fuerza por el lado que los mires. Tanto, que hasta los últimos minutos de la competencia Ucrania, Gran Bretaña y Japón disputaban el segundo y tercer lugar en el podio, pero el oro, ése ya era para China, siempre lo ha sido.

Los asiáticos han conquistado tres medallas de oro en esta disciplina en las ultimas cuatro ediciones. Los dragones que se exhibían en los costados de las vestimentas de su equipo nunca parecieron con tanta vida y movimientos alternos como ayer, no por nada en el 2008 obtuvieron el mote de Generación Diamante.

La mejor exhibición de músculos estuvo a cargo de Feng Zhe, que desde los siete años entendió que su especialidad estaba en las barras paralelas, pero que según Feng Xiaolin, su primer entrenador, le costó 10 años más perfeccionar.

Y de hecho aún no lo acepta del todo: No soy inteligente soy estúpido, pero mi entrenador me dijo que con el trabajo duro se puede compensar , dijo al terminar su participación en los Juegos asiáticos del 2010.

Y qué decir de Chen Yibing con los anillos, a sus 27 años el gimnasta es una oda al balanceo. Isaac Newton se sorprendería al ver cómo Yibing reta a la gravedad.La geometría que consigue con los anillos por dos o tres segundos al público le parecen cortos, pero a su cuerpo eternos.

Nada podía hacer ante eso la Gran Bretaña que era octava en la cotización de las casas de apuestas y terminó con el bronce, mucho menos Japón, que se mostraba muy nervioso y se conformó con la plata tras una apelación a un resultado de los jueces.

Mientras, el chino Zou Kai apostaba todo a su concentración y a su pequeño cuerpo de 149 centímetros de altura y 47 kilogramos en peso, con el que es infalible en sus rutinas. Pues mire usted su trayectoria es intachable: en Beijing se estrenó en el ejercicio de piso y se colgó la medalla de oro.

En cambio, Zhang Chenglong tiene su fuerza en las manos. La complicidad entre su cuerpo y el caballo es indudable. Cada círculo formado por sus piernas va acompañado de la pulcritud de su equilibrio que lo escolta hasta su caída al colchón que cierra su rutina. El quinto elemento se llama Guo Weiyang, que hasta ahora no cosecha una presea, pero sorprendió con movimientos arriesgados.

Ésa es la Generación Diamante, que desde la segunda rotación impide a otros países soñar con el oro, pues desde hace mucho la gimnasia varonil se rige por las órdenes de China.

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