Luego del histórico resultado ante Francia, es tiempo de ir por el primer sitio del grupo. Si bien el empate es lo más conveniente para México y Uruguay avancen a segunda ronda y hasta lo más seguro, éste es el momento de volar más alto.

El premio es grande si se gana el grupo: evitar a Argentina. No es cuestión de temor sino de ir tomando distancia y tejiendo un mejor camino. Quizás Grecia o Corea del Sur sean un buen escalón para llegar al quinto partido.

México está obligado al triunfo. Los expertos en futbol en el mundo nos hacían en casa demasiado pronto, pero el equipo de Aguirre ha demostrado que está para soñar. Hasta ahí, tampoco ha sido tan letal ni tan grande como se quiere o se pretende o hasta se dice.

Un triunfo que da muchas esperanzas y que ante Uruguay es necesario demostrar que no sólo ante los grandes el Tricolor está para jugar. Los charrúas son un escalón abajo en la jerarquía de los franceses, pero demostraron que el temor no es para ellos, hicieron lo que México tuvo en sus manos y dejó ir, el triunfo ante el equipo local y lo hizo casi sin despeinarse.

Los protagonistas van construyendo su propio camino y así han logrado acomodar sus series para ir dando pasos hasta las finales. Esa es la nueva asignatura de México, fabricar un camino conveniente para el futuro.

Hay que ganarle a Uruguay, quedar primeros y viajar a Puerto Elizabeth para disputar los octavos de final como los mejores del sector.

No hay excusas, Aguirre y sus pupilos dieron muestras que este equipo ha dejado los fantasmas de lado, pero la inconsistencia en los mundiales es otra enfermedad que padecemos y hay que curarla.