El campo de golf para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro retrasado por demandas ambientales, disputas sobre la propiedad del terreno e incluso dudas sobre si era necesario construirlo fue entregado el domingo a los organizadores de la máxima justa deportiva del año entrante.

El alcalde de Río, Eduardo Paes, pasó 15 minutos defendiendo el campo, construido en el vecindario adinerado de Barra da Tijuca, donde se han ubicado la mayoría de las instalaciones olímpicas.

Paes abrazó al multimillonario constructor Pasquale Mauro, quien estuvo junto a él en la presentación.

El desarrollador gastó alrededor de 60 millones de reales (16.2 millones de dólares) en la construcción del campo y también está edificando unos departamentos de lujo, de mármol y cristal, alrededor del curso, que fue diseñado en una reserva natural.

El campo de 970,000 metros cuadrados fue asumido por el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Río 2016 desde este domingo y hasta después de los juegos, cuando su gestión será transferida por 20 años a una entidad pública que pueda promover proyectos que incentiven el deporte en Brasil y en Sudamérica , asegura la alcaldía.

El nuevo campo albergará el primer torneo de golf de los Juegos Olímpicos en 112 años, marcando el regreso del deporte a la máxima justa, aunque en un país donde se sigue muy poco a esta disciplina.

El campo de golf fue construido en un extenso terreno en el exclusivo barrio de Barra de Tijuca que alberga parte de la laguna de Marapendí, cuyos manglares forman parte de una reserva, y a pocos metros de una de las playas más disputadas por los cariocas.

El área no había sido urbanizada debido a las restricciones municipales para proteger el entorno.

Debido a ello, ha estado envuelto en diversas polémicas, entre ellas la relacionada con las edificaciones en la región, las cuales están restringidas a seis pisos -que no se respetaron- y también el daño a los manglares, aunque la alcaldía expropió un área de 1.59 millones de metros cuadrados en un lugar vecino para crear un nuevo parque ecológico.

Del mismo modo, las autoridades aseguran que durante la construcción tuvieron cuidado en preservar la flora y la fauna lo máximo posible y explican que la población de chigüiros de la región saltó desde 20 hasta 60 desde el inicio de las obras, los caimanes no fueron expulsados y se trasplantaron 19,000 metros cuadrados de vegetación preservada.