La Selección Mexicana nunca había gozado de una planificación tan puntillosa para la época como la que tuvo previo a los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial del 70.

La Federación Mexicana de Futbol (FMF) eligió, con ayuda del entrenador Ignacio Nacho Trelles, a aproximadamente 40 futbolistas y los dividió en dos grupos de 20. El primero fue nombrado “los mundialistas”, quienes se dedicaron a prepararse para la Copa del Mundo en una gira por Sudamérica; el resto, “los olímpicos”, se quedaron en el país para el evento olímpico.

La magna justa del 68 fue la oportunidad para que el futbol mexicano diera un salto de calidad o, al menos, así lo entendieron los federativos. Hasta entonces, no habían ganado una medalla y en los Juegos pasados, en Tokio 64, fueron eliminados en la primera ronda. En consecuencia los directivos decidieron suspender el torneo local para que los seleccionados estuvieran enfocados y organizaron una concentración que duró meses y posteriormente, pactaron partidos amistosos alrededor del país. Las expectativas, según la edición del 20 de octubre del diario El Universal de 1968, era que jugaran el partido por la medalla de oro.

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El 2 de octubre, la Selección Mexicana se encontraba en la Ciudad de México en la penúltima semana de su concentración previa al torneo. Faltaban 11 días para su debut en el Estadio Azteca contra Colombia.

Los seleccionados no lo sabían, pero en la Plaza de las Tres Culturas, las calles y las unidades habitacionales de Tlatelolco, el ejército asesinaba, hería, secuestraba y violaba los derechos de decenas de manifestantes estudiantiles. Es decir, se desarrollaba la matanza de Tlatelolco.

-¿Ese día se enteraron de lo sucedido?

Ignacio Basaguren, mediocampista de aquella selección sin tartamudeos y solemne responde:

“Al principio nadie percibió lo que sucedía. En aquella época la única forma en la que nosotros nos enterábamos de las noticias era por la televisión y creíamos lo que decía Jacobo Zabludovsky y Pedro Ferriz Santacruz, porque eran comunicadores con mucha credibilidad.

De momento no nos enteramos porque ellos no dijeron nada, por el control gubernamental que había en los medios. En los días posteriores nos informamos de lo sucedido”.

-Muchos de ustedes tenían o estaban cerca de la misma edad de los jóvenes que fueron agredidos. ¿Cómo les afectó?

“No nos afectó. Creo que fueron tan eficaces (los sucesos en Tlatelolco) para la pacificación de la Ciudad de México, que en 25 años hubo paz absoluta y solo se mencionó el recuerdo del 2 de octubre de vez en cuando y sin ninguna fuerza social.

Con el tiempo se hizo un mito más periodístico que real. Después se hizo un cuento de que esa fecha marcó el inicio de la democracia mexicana. Eso no fue así. Para muy pocos en este país fue un momento de inflexión. Sí fue un parteaguas para algunos intelectuales, pero para el grueso del país no fue importante el 2 de octubre. Y para nosotros en la selección que estábamos encerrados (por la concentración), menos”.

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Los Juegos Olímpicos se inauguran diez días después de la matanza. El diario El Heraldo de México da eco a las declaraciones del Presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien resalta los esfuerzos del pueblo y el gobierno para que se desarrolle el evento. El Universal, por su parte, abre su nota de la inauguración con una frase, al menos, indignante:

“Estampas de voces de paz y comprensión, de respeto mutuo y fraternidad llegaron a todos los ámbitos del globo terráqueo al inaugurar el Presidente Díaz Ordaz los XIX Juegos Olímpicos”.

En ese contexto, el 13 de octubre, la Selección Mexicana venció por la mínima diferencia a Colombia en su debut, dos días después fue goleado 4-1 por Francia y el día 17 derrotó 4-0 a Gambia para amarrar su pase a los cuartos de final, instancia en la que venció 2-0 a España.

En las semifinales enfrentaría a Bulgaria, selección que no era potencia futbolística y, que al tener un régimen socialista, enfrentaba la justa con jugadores semi-amateurs.

“Los búlgaros nos metieron una corretiza y en contragolpes se adelantaron con dos goles, luego empatamos y finalmente en otra descolgada nos hicieron el tercero. Luego, la afición se enojó tanto que aventaron los cojines del Estadio Jalisco a la cancha. Parecía una lluvia. Nunca había visto algo así”, recuerda Basaguren.

Al día siguiente de la derrota, el 23 de octubre, la prensa criticó la actuación del seleccionado:

-“Nuestra derrota en el futbol es una insoslayable decepción”, tituló el diario La Afición.

-“Nuestros olímpicos se ahogaron en la orilla”, cabeceó El Heraldo.

-“Los errores de los mexicanos propiciaron el triunfo de los búlgaros”, publicó El Universal.

El cuadro mexicano se trasladó en tren de Jalisco a la Ciudad de México para el partido por el tercer lugar contra Japón. En el traslado, cuenta Basaguren, dos de sus compañeros fueron expulsados del tren debido a que fueron acusados de estar borrachos y tratar de entrar al camerino de una mujer.

En el partido perdieron 2-0 ante los japoneses, que ganaron la única medalla olímpica en futbol de su historia.

El Heraldo informó, en su edición del 26 de octubre, que el público les lanzó nuevamente los cojines, les gritó a los futbolistas mexicanos que se salieran del campo y, posteriormente, bajó a los vestidores con el objetivo de lincharlos, aunque finalmente la agresión no se concretó.

“Fue un fracaso rotundo. Esa selección se preparó cinco años y no jugó ni cerca de su nivel. El golpe fue tan devastador para el plantel, que sólo yo y dos compañeros más jugamos el Mundial del 70”, cuenta el ex mediocampista.

El golpe también fue duro para la federación. Jorge Romo –delegado del equipo en la Villa Olímpica- le dijo al Heraldo de México en los vestidores: “¿qué quieren qué diga? No hay nada que favorezca nuestra actuación. Lo que les recomiendo es que hagan lo que yo haré: compraré una botella de ron y a ver qué pasa ¡Deseo volar!”

Pese a la catástrofe, ese fue el mejor resultado de una Selección Mexicana en los Juegos Olímpicos hasta que apareció el representativo que dirigió Luis Fernando Tena que ganó la medalla de oro en Londres 2012.