Ninguna de las llamadas figuras del Mundial ha dado dividendos para la grada y para su Selección. Quizás el que más es Lionel Messi, quien con algunas escapadas ha divertido, pero de los demás nada, una que otra pincelada, pero de su talento nada se sabe.

Como nunca antes, desde 1970, no se presentaba un torneo con tantos nombres consolidados, pero se han ido o si siguen no han sido un factor para hablar de ellos.

Wayne Rooney y Frank Ribery son de los primeros que han tomado las maletas. El primero con Francia intentó, pero lejos estuvo de sus potentes arranques en el Bayern Múnich. Rooney, el llamado killer más letal del mundo, no anotó ningún gol y jamás pesó en la delantera de Inglaterra.

De Kaká se sabe por algún taco o un pase, pero Brasil ha aprendido a no depender de él y Messi sólo destellos, pero el gol no le ha sonreído como ocurre frecuentemente en el Barcelona. O Cristiano Ronaldo, que lo mejor que ha hecho es estrellar dos balones al palo y su gol fue casi para la anécdota ante Corea del Norte, pero la bicicleta más veloz de la tierra y sus despliegues físicos seguro se quedaron en Madrid.

La pregunta es obvia ¿porqué las estrellas dejan de serlo en el Mundial?, la respuesta es porque llegan exprimidos. Messi, Kaká, Rooney, Torres, Drogba jugaron su primer partido en Sudáfrica con más de 50 juegos en la temporada y en promedio dos por semana. Se les acabó la gasolina y por más que han intentado estar, siguen de ausentes.

No sólo es la cantidad de partidos que traen, sino también la férrea marca a las que han sido sujetos. Los pulmones y músculos ya no les dan para ser protagonistas. Así, como decoración, han pasado los cracks en Sudáfrica.