Todo iba bien casi al final del festejo, ambos ya tenían un apéndice en su espuerta y no hacía falta demostrar nada más. Sin embargo, son matadores de toros, no se dejan ganar las palmas bajo ninguna circunstancia y tanto Barba como Calita le anunciaron al juez su deseo de regalar un séptimo y octavo toros respectivamente.

El primero en conseguir una oreja fue Fabián, quien recibió al precioso ‘Ochentón’ de Rancho Seco, un bravo, noble y codiciosos burel cárdeno que saltó al callejón al acabársele el ruedo en su carrera de salida y que motivó los primeros olés del público al seguir el percal en la larga cambiada, ceñidas verónicas y fue codicioso ante el picador para luego acudir en el quite también con el lance fundamental.

El astado de la ganadería tlaxcalteca fue tan ambicioso que permitió a Gustavo Campos y Rafael Romero saludar en el tercio tras la colocación de banderillas. Para la faena de muleta, Fabián inició con doblones por ambos lados, series por el lado derecho y luego de naturales, se entregó en la suerte suprema y fue prendido sin consecuencias que lamentar, el público pidió el trofeo y le fue concedido.

En el cuarto del festejo, Barba hiló una tanda por el lado derecho que le jalearon pero no logró ligazón en las demás y tras matar con una estocada ligeramente baja más un golpe de descabello, le aplaudieron tras escuchar un aviso.

No conforme, regaló un toro al que recibió de rodillas en los medios. En el primer encuentro salió bien librado, pero en el segundo encuentro, el astado, de nombre Mitotero y de Monte Caldera, lo trastabilló y en la arena hizo por él elevándolo por los aires e infiriéndole dos cornadas grandes y limpias, se temía que fueran más graves pero fueron lo suficientemente importantes para que fuera estabilizado en la enfermería y trasladado al hospital para ser intervenido; al toro lo despachó El Calita, quien al verlo rematar en un burladero y partirse el pitón derecho, abrevió.

Por su parte, Ernesto Javier Calita enfrentó a otro bello ejemplar de Rancho Seco de nombre Epifanio, al que lanceó de rodillas cerrado en tablas para luego seguir a la verónica, torear en tandas por ambos lados con mando y valor, y a pesar de la estocada ligeramente caída, la petición fue nutrida y le concedieron el apéndice.

En el quinto, el diestro mexiquense estuvo variado con el capote, templado en los pases y recorridos, sin embargo, tardó en matar de estocada defectuosa y varios golpes de descabello para saludar en el tercio luego de escuchar dos bocinazos.

Regaló un octavo toro y tras faena completa y llena de temple lo despachó para recibir su segunda oreja pero se negó a salir a hombros por respeto al compañero herido al que le brindó la muerte del astado.

En cuanto a Diego Sánchez, estuvo voluntarioso ante un lote que le exigió bastante, lo más destacado fue una serie muy templada de naturales en su segundo, sexto de la tarde y su balance fue de silencio y silencio tras un aviso.