Diego del Real era el niño de primaria que competía contra la compañera de clase más destacada para resolver los problemas de matemáticas. Hoy, a sus 27 años de edad sigue compitiendo y lo hace desde el deporte en la prueba de lanzamiento de martillo como representante de México ya en dos Juegos Olímpicos, en Londres y Tokio.

También, se ha asegurado de tener la preparación académica para competir en el mercado laboral, parte de su vida en la que tiene el posgrado en Negocios Internacionales y va por el doctorado en Filosofía de la Administración.“Mi cultura financiera empieza en el contexto familiar, donde me enseñaron que si ganaba 5 pesos había que ahorrar 3 y gastar 2, siempre y cuando esos 2 pesos fueran necesarios. Desde la primaria me llamaba mucho la atención el tema de los números hasta que ingreso al posgrado en Negocios Internacionales en la Autónoma de Nuevo León, donde adquirí conocimientos en finanzas. No me considero experto, pero sí funcional, he aprendido bien a administrarme que no es únicamente ahorrar, sino saber invertir, ya sea en renta fija o renta variable, dependiendo de la situación en que estén las tasas de interés.

“Quiero hacer un doctorado en Filosofía de la Administración porque me gusta llegar a esa frontera del conocimiento, en la cual uno ya lo genera, es decir, más que lo teórico, lo que tiene aplicaciones reales. Un doctor economista me dijo que de nada servía investigar algo que no tuviera aplicaciones prácticas”, cuenta el atleta de 27 años a El Economista.

Compaginar el tiempo entre el deporte de alto rendimiento y la preparación académica es más que posible y Diego es la muestra con una vasta lista de récords conseguidos desde sus 17 años, una historia que ha puesto en el mapa de nuestro país a una disciplina de origen escocés sin tradición ni una serie de campeones mexicanos en el mundo.

En un breve repaso de su ascenso deportivo, el año 2011 fue parteaguas, al mantenerse siempre entre los 10 mejores de sus competencias internacionales. En el 2015 rompió récord en la Copa Autonomy de Querétaro, evento que le dio el boleto a sus primeros Juegos Olímpicos en Río 2016, donde se situó en el cuarto sitio y con 22 años de edad, se convirtió en el lanzador más joven entre los cinco mejores del magno evento.

En el 2018 consiguió la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos de Barranquilla, en abril de 2021 abrió las puertas de Tokio 2020 al alcanzar su quinta plusmarca absoluta en el Control Técnico de Nuevo León. Esta marca lo ubicó de forma parcial en el segundo sitio de la lista mundial de la temporada, solo detrás del estadounidense Rudy Winkler.

-¿Cómo estructuras tu tiempo entre los estudios y el deporte?

“Terminé la carrera muy rápido, a los 21 años y empecé a estudiar la maestría a los 22. Estoy en mi mejor momento deportivo, pero hay que entender que el deporte es una etapa que acaba y hay cierta edad para eso. Es muy difícil decir que voy a llevar todas las cosas, el alto rendimiento y el doctorado en el que se tiene que dedicar tiempo día y noche, conseguir datos, fuentes, validar, muchas cosas. Me da la impresión de que muchos atletas creen que algún día por acción divina les va a caer del cielo todo y esperar el día que sean campeones olímpicos o medallistas mundiales, pero con qué certeza si la probabilidad es muy baja, o sea, de toda la gente que vive en este mundo, ¿Cuántos son medallistas olímpicos?, nada más tres. La probabilidad de que seamos esos súper atletas rentables es muy baja, el futuro está en que uno puede lograr generar una propia estructura de autosuficiencia, como cada quién lo considere mejor, yo en lo personal eso lo entendí hace mucho. Hay que hacerse responsables, tomar las riendas de nuestro futuro”.

- ¿Cómo definirías la cultura financiera desde la percepción de un atleta?

“Es un plus o un valor agregado, es una obligación de cualquier atleta tener una cultura financiera por lo menos básica. Sé de casos de compañeros que se endeudan por su tema deportivo, pero es una apuesta arriesgada porque para ser bueno o considerado ‘rentable’, por lo menos en atletismo, se debe ser al menos número ocho del mundo, y para ser muuuy rentable, ser Top 3.

“Otra cosa es que a veces se excusa en que ‘a mí no me enseñaron’, es mentalidad mediocre, hay muchos libros o en YouTube recomendaciones de finanzas personales y hay mucha gente que explica cosas básicas, (...) pero la gente tiende a ser floja, no le interesa, prefiere vivir el momento, total, eres joven, estás chavo, pero después de los 40 años se anda batallando. Hasta que fui cuarto lugar olímpico (Río 2016) empecé a ganar bien, yo ganaba 8, 000 pesos, pero antes de eso ganaba 2,000 pesos, era muy difícil ahorrar algo, pero hacía el intento de ahorrar aunque sea un 10 por ciento.

- ¿Qué consejos les darías a los debutantes olímpicos para rentabilizar su participación en Tokio 2020?

Sencillo, estos jóvenes que no tienen experiencia, yo hubo un momento en que tampoco la tuve, pero no me quedé sentado esperando a que cayera la experiencia, hay que aventarse, probar, tratar, buscar, preguntar".

- Desde la Federación Mexicana de Asociaciones de Atletismo AC o la Conade ¿los apoyan con talleres o cursos de educación financiera?

“No hay nada de eso. Recuerdo que una vez en Conade nos enviaron un correo de si estábamos interesados en recibir talleres de administración y yo siempre ponía que sí, pero no sé por qué nunca se hicieron. Ahora, en términos de Federación tienen varias broncas ellos que difícilmente van a estar concentrados en tratar de ofrecer algo cuando la prioridad es otra. Uno tiene que estar bien y tranquilo para ofrecer otras cosas, siempre he dicho que el futuro del deporte en México está en la iniciativa privada, no está en el Gobierno ni nada, hay muchas cosas que intervienen, el conflicto de intereses es complejo, pero uno tiene que dejar de lado lo negativo y centrarse en lo que sí le deja.

En este caso la Federación su prioridad es, bueno, mi presidente de Federación está hasta demandado y se tiene que resolver esa situación. Difícilmente la Federación va a estar pensando en ‘vamos a ver que el atleta aprenda a administrarse bien o capitalizarse’. En Estados Unidos sí lo hacen, recuerdo haber visto sus conferencias donde les dicen a los atletas cómo capitalizarse y qué hacer y les platican a los papás, hay una cultura distinta donde se le enseña al atleta qué debe y no hacer, pero aquí no, pero tampoco es excusa para que uno como atleta diga ‘nadie me enseña, nadie me dice nada, ni modo, voy a estar jodido siempre’, uno tiene que dejar ese sentido paternalista de que el Gobierno me pide, me dé, esto o lo otro, y decir, ‘a ver, voy a generar algo que dé valor agregado a la gente y de ahí capitalizarme’, hay que ponerse creativos, pero si esperamos a que caiga del cielo se vuelve complejo".

marisol.rojas@eleconomista.mx