Park-Hun-Jing fue uno de los 12 norcoreanos que asistieron al Mundial de Inglaterra 1966 como aficionados. Sí, sólo fueron 12. El gobierno de Kim-Il no quiso ni permitió más viajeros que acompañaran a su Selección.

Por primera vez en su historia, Corea del Norte disputaría un Mundial y fue un acontecimiento para una nación que siempre ha sido opacada por su vecina del sur. Tras despachar en las eliminatorias 9-2, se fueron a Londres.

Fue un viaje de propaganda más que de futbol y curiosamente este último es más recordado que la implicación de Kim-Il.

Pero los 12 aficionados que seleccionó el gobierno entre 10,000 candidatos que querían acudir al Mundial debieron pasar pruebas desde historia del país, debían congeniar con el ideario político del Estado y además de ello aprender a hablar inglés.

Park sabía que llegar a Londres significaría la oportunidad más grande de crecer. Desde un principio entendió que no volvería a ver a sus familiares y que jamás regresaría. Pero para él valía la pena.

Los diarios documentaron su historia. Y el plan ya estaba dicho. Tras el partido ante la Unión Soviética se las ingeniaría para abandonar el hotel. Tras el 3-0 que recibieron los norcoreanos nadie se movió de la concentración y la vigilancia era extrema.

Pero todavía tenía los duelos ante ente Chile e Italia. No había prisa y planearía una mejor fuga.

Ante Chile empataron 1-1. Para su mala fortuna Kim decidió reunir al equipo y a los 12 aficionados para un discurso.

Nadie, ni los coreanos y quizás ni el propio Kim pensaba que derrotarían a Italia y sucedió lo impensable. Corea del Norte derrotó 1-0 a Italia.

Esa noche era el día más importante para Norcorea y para Park, quien ante los festejos y la política más relajada tras más de 12 días de hospedaje era el mejor momento desde noviembre de 1965 cuando salió la convocatoria.

Park hizo su maleta. Ésta no sería la última oportunidad que tendría de fugarse, ya que Corea del Norte había avanzado pero tenía el presentimiento que ésta era la gran oportunidad para escapar.

A las 8 de la mañana del día siguiente, Park seguía en el hotel. Algo pudo más que su deseo de libertad, su Selección. Esa noche no se fue y las siguientes tampoco.

Portugal de Eusebio eliminó en cuartos de final a Corea del Norte por 5-3.

De regreso al hotel tras la derrota. Park hizo un viaje para huir al ser presa de 11 jugadores que le encendieron la pasión y optó por verlos en la cancha.