Hace años el futbol se medía por capacidades y de vanidades muy poco.

Ahora hablar de selecciones es referirse desde quién la viste. El último bastión romántico del futbol, las camisetas, se vio invadido en Alemania 1974.

Antes de la Copa del Mundo de aquel año, las camisetas no tenían patrocinador. No había relación Nike-Brasil, Alemania-Adidas, Camerún-Puma. Sólo eran los colores de la nación y listo, a jugar.

Desde aquel Mundial en Europa, los jerseys nacionales son el objeto del deseo para todas las marcas deportivas internacionales. Brasil ha hecho casi un acuerdo de por vida con Nike y, Argentina y Alemania llevaron las tres franjas de Adidas en la Copa del Mundo de 1974.

En aquel año, el contrato entre la Asociación Argentina de Futbol y Adidas era de 35,000 dólares anuales para llevar la marca en el pecho. Para el 2010, el mismo contrato entre ambas entidades es de 8 millones de dólares anuales.

Adidas es el proveedor oficial de casi todos los artículos deportivos del Mundial, tiene el balón y a una gran cartera de selecciones nacionales.

Aquel 1974 significó un parteaguas para la mercadotecnia del futbol. Franz Beckenbauer fue el primer ícono mediático que utilizó la marca de las tres franjas. Lo explotó y empezó a hacer negocio con el jugador.

Luego llegó a tal grado el poder de las marcas que incluso en la década de los 90 era casi un rumor cotidiano escuchar hablar que un futbolista era convocado a una Selección gracias a que la marca lo patrocinaba.

Así, para Sudáfrica 2010, la también empresa alemana Puma apostó por vestir a 90% de las selecciones del continente y ser el emblema del futbol de aquella región.

No hay ninguna Selección en el planeta que no se haya dejado seducir por la tentación de tener una marca de prestigio. Ni las más renuentes a algunos temas de comercialización lo han hecho. Cuba tiene en su uniforme a Adidas; Rusia con Nike.

Aquel Mundial de Alemania en 1974 significó el banderazo de salida a una de las competencias más cruentas. Ganar el patrocinio de una Selección significa millones de dólares y tener el prestigio de vestir a tal o cual representativo.

El futbol dejó al mercado su emblema más romántico, la playera.