Johannesburgo. Corea del Norte ha esbozado la primera sonrisa a los aficionados. Si acaso por su orden, por ahí, por su atrevimiento de retar a uno de los candidatos y también por darle emoción a un partido que ya tenía vencedor desde diciembre pasado cuando se conoció el sorteo.

Brasil ganó 2-1 a los asiáticos y la derrota quizás le ha servido al dictador Kim Jong-il para dar un ejemplo a sus connacionales.

El entrenador Kim Jong Hun ha colocado un dispositivo de cinco defensas, tres medios de contención y dos puntas. Casi logra el milagro.

En realidad, Brasil no fue mucho más que los norcoreanos, para quienes la estancia en Sudáfrica resulta un golpe a las naciones que la han criticado y para el régimen una victoria aún pese a perder, pues lo más importante fue cómo lo hizo ante el enorme candidato que es la escuadra sudamericana.

Dunga debió trabajar un poco en su libreta para descifrar el esquema de los asiáticos. Tras un primer tiempo donde el scratch salió abucheado del Ellis Park, un par de genialidades le han resuelto la tarea.

Primero apareció Maicón al minuto 55, quien tras un balón filtrado intentó centrar y éste no le obedeció para irse al fondo con un tiro muy de suerte. Luego llegó la magia de Robinho al 72 para filtrarle un servicio a Elano para que definiera ante la salida del portero.

Hasta ahí la hazaña ya era demasiada para los norcoreanos. Mirar el ranking era la forma más feliz para comprender que el 2-0 era un avance, y es que mientras Brasil es número uno del mundo en el ranking de la FIFA, Corea del Norte se incorpora a la lista hasta el peldaño 105.

Pero el orden, casi convertido en una costumbre nacional de los asiáticos, les ha dado un gol y un premio a un esfuerzo que los dejó de lo más felices.

Y a un minuto del final apareció Ji Yun Nam para dejar en claro que los sudamericanos ganaron más por una inercia histórica que por buen futbol.

Yun Nam juega en el equipo local April 25, el más poderoso de la Liga local y no podría tener otro significado su nombre que no fuera militar.

Lo lleva por un homenaje al día de la Academia de la Armada, además de ser la academia de futbolistas local más importante, ganando 10 ligas y participando en seis competencias internacionales.

Pues este tal Yun Nam, irreverente, se metió entre dos defensas y venció a Julio César (aquel que no pudieron superar ni Messi ni Ibrahimovic en la pasada Champions) ante su salida. Lo festejó como los dioses. No es para menos, seguro la dictadura de Kim Jong-il le recompensará con creces.