La familia de algunos futbolistas se ha convertido en parte fundamental del plantel de Pumas. Y es que en un momento en el que Jaime Lozano, quien llegó como refuerzo junto con Emmanuel Villa y Martín Romagnoli no son tomados en cuenta, son las esposas e hijos quienes los mantienen ‘en pie’, tal y como Jimmy reveló a este diario.

De las 12 jornadas disputadas Jaime apenas ha sido titular en tres semanas, mientras que en otras cuatro ha ingresado de cambio. Lozano acepta su situación, aunque no está contento con su condición de suplente. Ya ha sentido el sabor amargo del enojo, la tristeza, la frustración, pero tiene claro en dónde está su sostén.

Me apoyo en la familia, lo es todo para mí, mi esposa, hijos… Te puedes ir con mucha frustración de un entrenamiento, después de un partido por no haber jugado, pero el simple hecho de ver a tu esposa e hijos te cambia la vida.

Trato de pensar positivamente, ver mis metas y no encandilarme en que no están las cosas como yo quiero. Creo que si confías en ti, en que puedes darle la vuelta a la situación siempre hay una salida .

El mediocampista relegado al banco de suplentes e incluso en algunas ocasiones en la tribuna, lejos de molestarse o exigir una oportunidad, aseguró que para él no es una situación nueva.

Conmigo siempre ha sido igual, con todos los técnicos me ha pasado, me ha costado trabajo ganarme la confianza de casi todos los directores técnicos de mi carrera, no acostumbro bajar los brazos, quiero tratar de demostrarle que puedo ayudar. Confío en lo que yo puedo hacer, es difícil cambiar las formas y las creencias de la gente. Sé que (Mario Carrillo) es un gran técnico, que está haciendo un gran trabajo y que yo soy un gran jugador .

A pesar de las adversidades, el ex jugador de Cruz Azul, Tigres y Morelia no tiene en sus planes un cambio de aires, y advierte que buscará ganarse un puesto en el equipo. Yo vine con un objetivo y lo sigo teniendo: estar aquí algunos torneos, ser nuevamente alguien emblemático ayudar a los jóvenes, y sobre todo a jugar , concluyó.

carlos.herrera@eleconomista.mx