Según dicen los anuncios, éste es el primer mundial con transmisión en 3-D. En una de las dos principales cadenas de cine del país, el gran atractivo es poder ver el fut en gigante y con lentes que hagan saltar a los jugadores de la pantalla.

Lo primero que impacta es el precio. En las salas VIP , el boleto cuesta $239 pesos. Es decir, poco más de cuatro salarios mínimos en el DF. La comida va aparte. Hay descuentos para atraer a los clientes. Se rebaja casi a la mitad si uno lleva camiseta de alguna selección mundialista.

En el partido de hoy seremos a lo mucho 10 personas. A primera vista, esto puede ser por tres factores: precio elevado, horario (es entre semana durante el trabajo) y no se trata de selecciones que interesen a los mexicanos (Ghana y Alemania).

Inicia el encuentro y nos ponemos las gafas tridimensionales. Así, de trancazo, no se ve gran diferencia a una transmisión normal. Lo único que sale de la pantalla es el marcador.

No es hasta que se hacen tomas a ras de cancha que vemos algo interesante. El balón parece, a ratos, volar fuera de la pantalla. Los jugadores también. Pero tampoco es espectacular. Está a años luz de Avatar , pero con el mismo factor de mareo para los que no aguantan movimientos bruscos de cámara.

Mis dos acompañantes apuntan al medio tiempo y reiteran al final: es una experiencia novedosa , por llamarla de alguna manera. Pero no del todo recomendable. Pidieron permiso para salir de su oficina durante el partido. Concluyen: se ve mejor en la tele del trabajo.

Lo curioso es que la gente está en ambiente de cine. No hablan, no gritan el gol. Nada más comen sus palomitas.