El reloj marca las 8 de la noche y faltan 30 minutos para que inicie el partido de la Selección Mexicana contra su homólogo Panamá en la Liga de Naciones de Concacaf en el Estadio Azteca.

En las inmediaciones del estadio se observan pocos aficionados y puestos de comercio informal. El nuevo torneo de Concacaf parece generar poco interés en el público. Otro aspecto que influye directamente en la asistencia es el costo de los boletos. Las entradas para observar a la Selección son las más caras para observar un partido en el Azteca, sólo superadas por el clásico nacional (Chivas-América) que tiene un costo promedio de 807 pesos.

Otros encuentros como América-Pumas (466 pesos) y Cruz Azul-América (776 pesos), las dos principales rivalidades de la Ciudad de México, manejan precios más bajos en el mismo estadio.

Además, para esta ocasión, los dirigidos por Gerardo Martino no cuentan con la mayoría de sus nombres estelares como: Raúl Jiménez, Javier Hernández, Andrés Guardado o Guillermo Ochoa. Y esto lo toma en cuenta la afición.

“En total me gastaré como 800 o 1,000 pesos. La verdad para este partido se me hace caro ¿450 pesos un boleto contra Panamá en la Liga de Naciones? Disfruto más venir a ver a Cruz Azul que a la Selección, porque estos partidos son poco interesantes, sólo vengo porque hay que apoyar”, expresa Andrés González de 26 años.

Al igual que Andrés, hay casos como Rodrigo Sandoval, que prevé gastar 600 pesos en total, cantidad que no considera excesiva, principalmente porque no es regular ver a la Selección Mexicana, aunque de jugar cada 15 días, asegura que rara vez asistiría por el precio que tiene.

A pesar de ello, el Tri cuenta con el aspecto de atraer afición que gusta de esos partidos, y aunque pesar de considerarlo una inversión importante, no culpan a la Federación de Futbol, porque: “así pasa con los gastos cuando a uno le gusta la bebida”, expresa entre risas José Alberto, quien sólo va al estadio cuando juega la selección.

O el caso de Víctor, panameño residente en México, quien viste la playera de su equipo y asegura que “siempre es un orgullo asistir a un estadio de otro país para apoyar a su selección”, además de saber que es difícil ganarle a México, pero que significaría un logro muy especial.

También están casos como Aron de Suecia, estudiante de intercambio en el ITAM, que asistió en compañía de 29 compañeros, quienes se pintaron la cara, además de vestir listones, sombreros y jerseys de México para vivir la experiencia de un partido.

El escaso público que atrae el encuentro perjudica al negocio informal. En un sondeo realizado por El Economista, de ocho puestos entrevistados, todos ellos aseguraron que el partido no significa buen negocio en ventas.

“Lo que pasa es que no hay ventas ni con la Liga MX, ni selección. Hoy voy empezando pero no he vendido nada, máximo venderé unas 15 o 20, pero no hay ni gente para ver el juego”, comenta Luis, quien lleva 30 años con su puesto de playeras. Por otra parte, Juan explica que, porque el partido fue entre semana, por el rival y porque en Liga MX han bajado sus ventas hasta 40%, prefirió no invertir y la mercancía con la que cuenta fue la que sobró de la pasada Copa del mundo.