La pesadilla terminó en Coapa al mismo tiempo que Pachuca despertó abruptamente de su sueño. Una genialidad de Christian Benítez bastó para que América volviera a ganar en su cancha tras seis meses de haberse marchado a casa entre abucheos llenos de frustración, mirando cómo el rival se iba vivo del Azteca.

Tras el 1-0 de ayer las Águilas recuperó la confianza actuando ante su gente, que había tenido su último festejo en su estadio ante Atlas, en la Fecha 6 del torneo pasado, cuando se impusieron 5-2 y el calendario marcaba el mes de agosto, mientras los Tuzos tuvo que sufrir su primer descalabro del campeonato, dejando a Cruz Azul como el único invicto.

Habían transcurrido 56 minutos de tedio, inoperancia y muchos miedos en la cancha de ambos equipos. Apenas dos avisos de Edy Brambila, quien estuvo cerca de abrir el marcador para los visitantes y una gran reacción de la defensa hidalguense que le arrebató el gol al canterano Raúl Jiménez habían significado las únicas emociones.

Justo cuando la afición se había cansado de gritar por nada apareció el atacante ecuatoriano de América e intentó la misma jugada que había llenado de rabia a Miguel Herrera, su entrenador. Parecía que ayer el moreno futbolista no iba a encontrar la fórmula para colocarse de frente al arco luego de quitarse a los defensas.

Pero Christian tomó una pelota en la media cancha, cambió el ritmo de su trote para dejar atrás a los defensas que lo marcaban, al mismo tiempo que levantaba la mirada, colocándola en el ángulo superior izquierdo de la portería de Rodolfo Cota, sitio en el que puso la pelota, luego de impactarla con fuerza de media distancia, haciendo inútil el lance del arquero, regresando la confianza a su afición, que ya durante medio año había tenido que marcharse a casa llena de frustración.

Herrera feliz, Flores frustrado

Apenas chocó la pelota con las redes, Benítez corrió hacia una esquina, besó el tatuaje que lleva en un hombro y levantó la mirada, mientras que a unos metros Miguel Herrera zangoloteaba su brazo derecho y apretaba el puño, al mismo tiempo que miraba su cronómetro con deseos de que el tiempo se agotara para finalmente ordenar a su defensa.

Unos pasos a la izquierda del Piojo mostraron a Efraín Flores, técnico de la visita, con sus brazos cruzados, con la mirada clavada en el césped para finalmente voltear hacia su banca y pedir que Marco Bueno, Guillermo Franco y Félix Borja, atacantes que nada pudieron hacer para evitar la primera derrota de su equipo, y el festejo de América ante su gente, luego de seis meses de no poder hacerse fuertes en casa.

El gol de Benítez le cambió el rumbo al partido que dejó aproximaciones en las dos áreas sin que el marcador pudiera moverse, situación que permitió que cuando llegara el silbatazo final las Águilas se fundiera en un abrazo, respirara y se marchara al vestuario al mismo tiempo que recordaban lo que era festejar en casa.

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