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América, ¿la normalización del triunfo?

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Por Eduardo Hernández Castro

La asistencia al juego apenas llegó a 22,507 espectadores, mientras que en el primer partido del torneo pasado sumaron 25,578 aficionados.

El ritual de los aficionados del América en un día de partido de torneo regular comienza con la llegada al estadio. Si la gente llegó en auto, aparcan en el estacionamiento del estadio Azteca hasta dos horas antes del inicio del juego para charlar y tomar cerveza. Algunos hasta alimentos consumen.

Quienes llegan en transporte público saben que en días como el sábado pasado, teniendo como rival a Pachuca, podrán encontrar boletos en las taquillas que acumulan filas de al menos unos 200 metros. Pero incluso en el debut del equipo campeón del futbol mexicano, su presentación en su estadio en un nuevo torneo y portando por primera vez el diseño del tercer uniforme para el torneo, la afluencia de los aficionados cobijó al equipo de Miguel Herrera, que fue recibido en un estadio donde los asientos vacíos eran mayoría.

La asistencia al debut de América como local en el torneo Clausura 2019 registró un descenso de 12%, respecto al primer partido del equipo en el Apertura 2018.

Aunque hace apenas un mes las Águilas levantaron el título número 13 de su historia, la asistencia ante los Tuzos apenas representó 28% del aforo, dos puntos porcentuales debajo de la media de asistencia en partidos de dicha categoría, es decir, cuando el equipo no recibe los clásicos, cuando enfrenta a Chivas, Cruz Azul y Pumas.

La asistencia al juego apenas llegó a 22,507 espectadores, mientras que en el primer partido del torneo pasado sumó 25,578 aficionados.

“Las ventas que se registraron fueron similares a la entrada, es decir, muy mala. Más que por la gasolina, es por la cuesta de enero, porque aunque la gente vino al partido, no tiene dinero para gastar. En esta temporada (enero) siempre es así. Empieza muy floja la venta”, explicó una vendedora que se coloca en la explanada poniente del Estadio Azteca y que prefiere no ser identificada.

En su experiencia de 18 años vendiendo playeras y artículos conmemorativos de los equipos de Ciudad de México, la vendedora refirió que “ningún torneo es igual. En América nunca impacta el título de campeón en las ventas; en Pumas sí. Como vendedora te puedo decir que son la mejor afición”.

El razonamiento de la vendedora surge de la observación de los aficionados y la recurrencia en la compra de sus productos. Pero incluso ante la evidencia empírica de la comerciante, en el ánimo de los aficionados americanistas existe un temperamento estable, con esa dosis de megalomanía que acompaña al equipo cuyo uno de sus lemas es “odiame más”. No advierten crisis de resultados por la salidas de Diego Lainez o la inminente venta de Cecilio Domínguez.

“No deben llegar jugadores que no sientan la playera, que sólo vengan a cobrar un sueldo. Por eso mejor que jueguen los chavos”, sostuvo Carlos Alcocer, aficionado del América, ante la incertidumbre de los cambios en el plantel.

El fan de 27 años indicó que la gente acudirá en mayor cantidad al estadio cuando avance el torneo y se enfrente a los rivales más atractivos.

“Sabemos que el equipo calificará y peleará otra vez por el título. Por eso todavía no vienen muchos a los partidos”, añadió.

La atmósfera que envuelve al equipo campeón, que acumula 19 partidos de Liga sin perder, de los cuales 11 fueron victorias, confianza de los aficionados en un plantel sólido que no se verá afectado por las bajas (mientras los resultados sean favorables), asistencia al estadio menor al promedio del torneo pasado y bajas ventas de productos porque se saben en la Liguilla.

La normalización del triunfo ayuda al América. Mientras analiza las piezas en el juego del periodo de transferencias, en el que todavía no formaliza los refuerzos que busca, la inercia ganadora del equipo hace que jugadores que estaban descartados ahora mismo no sepan qué futuro les depara en el club, como Cristian Insaurralde.

“Eso lo decidirá el club. Si Miguel me ha dado la confianza, la he demostrado en el terreno de juego, que quiero estar, quiero participar y hacer mi trabajo.

“Es lindo saber que al recostarme en la almohada pueda decir: ‘el esfuerzo que hice en el trabajo valió la pena’”, expresó el delantero argentino.

eduardo.hernandez@eleconomista.mx

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