Muy temprano apareció Christian Benítez sobre la línea de banda para bailar al mismo ritmo que sus compañeros de la banca, agitando sus caderas, hasta que de pronto despareció, cubierto por los siete futbolistas suplentes de Águilas, que lo escondieron con un abrazo múltiple, en una acción que significó el festejo de un gol ante Pumas en el Azteca, luego de cuatro años, 318 minutos, y que encaminó a América a la victoria 2-1 sobre los felinos en el Clásico capitalino.

El tanto de Benítez, quien cobró con frialdad un penal que le cometió el joven José Antonio García a José María Cárdenas apenas a los ocho minutos, fue festejado como pocas ocasiones por los aficionados amarillos. Y es que la última vez que los fanáticos aplaudieron un tanto de su equipo ante Pumas jugando en casa fue en el Clausura 2008, cuando Richard Núñez marcó el segundo en la victoria 2-0 sobre los del Pedregal.

Por si eso no fuera suficiente razón para festejar, erguir el pecho, presumir el escudo del club y regresar a casa con una sonrisa, ayer el equipo de Miguel Herrera dio doble motivo de alegría al imponerse en el primer Clásico de la temporada, luego de que el torneo pasado cayera en todos.

Apenas chocó la pelota con las redes y el anotador comenzó a menear sus caderas, la afición inició su fiesta, pudo por fin sacar ese grito de gol ahogado desde cuatro años atrás, al mismo tiempo que Miguel Herrera festejaba el tanto, apretaba la quijada y sonreía, presagiando una victoria, mientras Guillermo Vázquez comenzó con una frecuente rutina, al clavar su mirada en el césped, con las manos en los bolsillos, dando apenas alguna tibia indicación.

Amplio dominio

El gol significaba ya tanto, que ayer no importó que América no reflejara en el marcador su abrumador dominio del primer tiempo, que Alejandro Palacios se estirara y le arrebatara el segundo a Benítez, o que Chema Cárdenas, Montenegro y Christian Bermúdez erraran dentro del área.

Tampoco importó que en la segunda etapa Erik Pimentel se equivocara, derribara a Bravo y regalara un penal que Juan Carlos Cacho convirtió con clase, para colocar el empate parcial, porque ayer los azulcremas tenían deparada una tarde especial, que se despejó a 10 minutos del final, cuando José Antonio García recibió su segunda tarjeta amarilla y dejó con 10 hombres a su equipo.

Fue al 86 cuando vino la acción que decretó el triunfo. Matías Vuoso, quien ingresó al 79’, recibió un largo y medido servicio fuera del área, recibió la pelota, levantó la mirada, clavándola en el ángulo inferior derecho de la portería, sitio en el que la puso el balón con potente disparo, haciendo estallar al Azteca y al Piojo Herrera, quien miró el gol a unos pasos, cuando se dirigía al vestuario tras irse expulsado.

El triunfo que obtuvo en su primer Clásico de la temporada los colocó en la tercera posición de la tabla .

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