A diferencia de otras historias de futbol, el balompié se entregó a Iván Alonso. No al contrario. Su talento era innato. Y el uruguayo también estaba dispuesto a entregarle su vida desde que cumplió 15 años. Sin embargo, hoy su corazón lo ha traicionado y, según su cardiólogo, para el futuro tendrá que patear el balón con cuidado. Al menos, no a la altura de Toluca.

No hay club en su trayectoria que piense que el delantero charrúa desmerece agradecimiento. Alonso es bien recibido en Deportivo Alavés, que guarda sus primeros recuerdos en el futbol español, lo mismo que en Murcia, en el que su distanciamiento fue por problemas económicos y no por cuestiones de entendimiento, o en Espanyol, al que llegó en el momento justo para luchar por la permanencia del equipo en la máxima categoría.

De este último sólo guarda un resentimiento. Nunca podrá desalojar de su mente el recuerdo de aquel 8 de agosto del 2009 cuando su compañero y capitán del equipo, Dani Jarque, murió en sus brazos de un ataque al corazón. Quién diría que es ahora su propio corazón el que le obliga a abandonar las filas de Toluca. Los 2.680 metros de altura sobre el mar no le han venido bien. Además, es ese mismo órgano el que le impide quedarse en el futbol mexicano: Estoy muy agradecido y encariñado con la institución. Si me voy de los Diablos, me voy de México, por respeto a todo lo que el club me ha dado .

Quizá si aquel día de agosto no hubiera marcado su vida, el artillero sudamericano tomaría otra medida. Pero fue una alerta del destino, del futbol, que se le entregó como a pocos jugadores, que le dio la habilidad para destacar en España, para coronarse campeón de goleo en dos temporadas del balompié mexicano (2011 y 2012) y del que también aprendió el secreto de la regularidad, no menos de 11 goles por temporada.

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