Apenas hace dos años, Alberto Contador llegaba al Giro de Italia de sorpresa. Pese a que era considerado uno de los mejores ciclistas de esos años, para entonces su equipo, el Astana, no había sido invitado a participar en la competencia por el dopaje en el 2007 de dos de sus ciclistas.

A falta de 10 días para que iniciara el Giro, el pinteño fue avisado en plenas vacaciones en la playa, que el Astana participaría en la justa y que tendría que estar listo en apenas unas horas para el arranque.

Fueron apenas tres días de preparación y el pinteño ya estaba corriendo. Llegaba a la carrera como uno de los favoritos pues apenas un año atrás se había adjudicado por primera vez el Tour de Francia.

El madrileño tenía en mente emular la hazaña de su compatriota Miguel Indurain, quien había logrado la victoria en el Giro en 1992 y 1993. No obstante, pese a la carga emocional y las expectativas que se generaron en torno de él, Contador logró la victoria, con lo cual acabo con la supremacía italiana que se había prolongado por 11 años.

Para el 2011 las cosas fueron muy diferentes. Primero porque ahora ya viste la camiseta de Saxo Bank, en el cual se mantiene como líder absoluto, situación que no vivió así en el 2010, cuando en Astana tuvo que compartir el liderato con el estadounidense Lance Armstrong.

Tras dos años, llegaba con una madurez absoluta a la competencia. Lo respaldaban sus victorias en la Vuelta España (2008) y dos veces más la supremacía en el Tour (2009 y 2010).