La agonía se prolongó, literalmente, hasta el último minuto. Justo cuando ya no existía ninguna esperanza para el cuadro estadounidense, que empataba y se veía con un pie y medio en casa, llegó Landon Donovan y le devolvió la vida al equipo dirigido por Bob Bradley, al hacer el tanto que ponía a nuestros vecinos en la siguiente ronda.

El festejo fue intenso, tanto que incluso excedió hasta las lágrimas. Mientras los argelinos buscaban la victoria acompañada de un milagro, los estadounidenses no bajaron los brazos, y menos aún porque sabían, al minuto 90, que Inglaterra había sellado la derrota de los eslovenos, que por momentos acariciaron los octavos de final y que una victoria los sacaría avante.

Nadie imaginó que los estadounidenses pasarían de la tristeza a la alegría en tan sólo un momento. Donovan aprovechó un rechace en un contragolpe para batir a Mbolhi y, tras 91 minutos de desesperación, consiguió cambiarle el rostro al estadio y seguramente a su país que se preparaba ya para recibirlos.

Argelia intentó una y otra vez, y aunque las posibilidades eran prácticamente nulas, los africanos no quisieron desistir, y menos cuando Eslovenia era abatida por los ingleses, que apenas pudo clasificar. El sueño entonces parecía existir, hasta que Landon, con su irreverencia, terminó por sellar una inesperada victoria, que los tiene hoy en la siguiente ronda.