Hasta la paciencia se agota en el golf. La queja que el golfista italiano Edoardo Molinari —ranking 330 de la ATP— tuiteó el pasado 26 de abril tuvo efectos profundos.

“5:30 horas para jugar 18 hoyos en un campo de golf sin dificultad es demasiado... ¡demasiado! #stopslowplay”.

El Tour Europeo anunció nuevas medidas para acelerar el juego la próxima temporada para que las rondas en sus torneos se completen más rápido. En un plan que consta de cuatro puntos, según un reporte de Iain Carter de la BBC, se prevén penalizaciones de un golpe a quienes se excedan en tiempo dos veces en una ronda y mayores multas a quienes se retrasen de manera constante. Pero no se trata de algo nuevo.

De acuerdo con la Asociación de Golf de Estados Unidos, en el 2014 una ronda típica de 18 hoyos se practicaba entre 4 y 4:30 horas. Con estos tiempos, parece justificada la molestia de Molinari.

En el golf, los campos —su longitud y dificultad— han contribuido para que los jugadores consuman más tiempo en sus tiros, dice a El Economista, Bob Harig, e impacta tanto a jugadores como a espectadores, más que a la televisión.

“(El juego lento) impacta a los compañeros, quienes tienen que esperar para sus tiros y, especialmente, impacta a los espectadores en el campo, que pueden pasar largos periodos sin ver acción”, explicó el analista para ESPN.

La televisión no es la razón principal para estas medidas porque “tiene la habilidad de cambiar (durante la transmisión) a otros golfistas que están listos con su tiro”, y que se apresure la competencia tampoco afectaría a las televisoras en lo económico porque “mientras la competición termine a tiempo —lo que ocurre usualmente— no hay impacto”.

Entonces, el mayor interés por acelerar el ritmo se centra en el espectador.

“Los aficionados juegan una gran parte en esto. Pagan para ver a los jugadores y si deben esperar una cantidad excesiva de tiempo para que un grupo (de golfistas) se presente, no es una gran experiencia. Si bien no pasa con frecuencia, sí pasa lo suficiente para ser un problema”, indicó Harig.

El golf no es el único deporte en tomar medidas al respecto. Las principales ligas en Estados Unidos ya están sobre esto también.

La MLB busca acelerar el juego

Las Grandes Ligas son de las organizaciones deportivas que más cambios han realizado para acelerar el ritmo del juego. La duración promedio de los juegos durante el 2001 y el 2010 estuvo entre un mínimo de 2:49 horas y un máximo 2:58. Pero desde el 2011 en adelante ha incrementado desde 2:56 hasta 3:09 horas, que se promedian en la presente temporada (con datos de la página Baseball Reference).

En el 2018 implementaron nuevas reglas: redujeron las visitas a la loma de pitcheo y disminuyeron el tiempo de las pausas comerciales. Estas medidas, junto a la impuesta en el 2015 para que el bateador permanezca en la caja de bateo entre lanzamientos, ayudaron a reducir el promedio de duración por juego de 3:08 horas en el 2017 a 3:04 el año pasado, pero parece que esta campaña el promedio se elevará.

La Liga tiene otro cambio en el 2020: cada pitcher deberá enfrentar al menos a tres bateadores, y quedaría una modificación latente: el reloj de pitcheo, en el cual cada lanzador tendría 20 segundos para hacer un nuevo lanzamiento, pero no se ha determinado cuándo se aplicará.

“En el beisbol creo que el tiempo se les está yendo demasiado, eso les está haciendo perder afición. En Estados Unidos ya no es el rey de los deportes. El beisbol es el que está más preocupado en este momento por tratar de hacerlo más versátil, dinámico, activo y sobre todo evitar que pierda ritmo, no sólo en el campo de juego, sino entre los aficionados también”, expuso Carlos Nava, periodista de ESPN que cubre MLB, NBA y NFL en Estados Unidos.

Los minutos finales en la NBA

Con sus modificaciones del 2017 (menos tiempos fuera, reducción del tiempo entre tiros libres y 15 minutos de medio tiempo), la NBA buscaba mejorar el ritmo y el flujo del juego, que fue lo que dijo el comisionado Adam Silver cuando se anunciaron los cambios. Lo que se pretende es mejorar la experiencia del aficionado, sobre todo en los dos minutos finales, donde el desarrollo del partido suele ser muy entrecortado. Esto redujo el tiempo promedio de juego sin tiempo extra de la temporada 2016-17 de 2:16:28 horas a 2:11:16 en la campaña 2017-18.

En el 2018 aprobaron una nueva regla: reiniciar el reloj de disparo tras un rebote ofensivo en 14 segundos y no en 24 como se acostumbraba, pero a la primera semana de diciembre de la última campaña, según Shlomo Sprung de Forbes SportsMoney, el promedio de duración había aumentado a 2:13:26 horas, y la liga, a través del vicepresidente senior de estrategia y análisis Evan Wasch, informó que estaba satisfecha con un rango de entre 2:10 y 2:15 horas.

La voz de los aficionados del emparrillado

El 22 marzo del 2017 el comisionado de la NFL, Roger Goodell, escribió una carta a los fans de la Liga, explicando que en el 2016 realizaron un proyecto de retroalimentación de la experiencia en los estadios y de ver el juego en vivo. Según la misiva, los seguidores destacaron mejorar el flujo y el ritmo del juego, así como la comercialización y las interrupciones innecesarias en el campo.

Entre los cambios se pide acelerar el proceso de revisión de jugadas, reducir el tiempo muerto tras un punto extra y anotación, y estandarizar la duración del medio tiempo. Con esto, se pretendía bajar el promedio de duración de 3 horas 7 minutos en el 2015 a 3 horas 2 minutos, pero el tiempo aumentó a 3 horas 12 minutos. En sí, todas estas modificaciones están centradas, de forma directa, más en el aficionado que en las televisoras.

“El fan es la principal razón, sin duda. En las tres ligas el aficionado es el cliente, es al que hay que atender y evitar que se vaya como en cualquier otro negocio. Estas tres ligas grandes por eso rebasan a las de otros países, porque siempre están preocupadas por la afición en primera instancia. A las televisoras no creo que les afecte tanto, quieren que se mantengan los tiempos en los que se suponen están programados para que eso no afecte, porque también las televisoras saben que no quieren perder aficionados frente al monitor cuando esté el partido”, agregó Carlos Nava.

Quizá lo que buscaba Molinari con su tuit era recordar la cortesía del deporte y evitar retrasar a los compañeros y provocar la pérdida del ritmo y flujo de juego. Por lo pronto, las autoridades europeas del golf ya tomaron acción, y más organizaciones deportivas buscan que las transmisiones favorezcan a la audiencia en las sedes de competencia y a través de las pantallas.