“Como jugador, ya sabía lo que tenía que hacer ahí”.

El expitcher Fernando Valenzuela Anguamea responde al ser cuestionado sobre dificultades que enfrentó como pelotero y ahora como propietario de los Tigres de Quintana Roo. Es 5 de mayo del 2018.

“Aunque seguimos en el ambiente del beisbol, ser parte de un equipo (dueño) para mí ha sido lo más difícil, pero realmente cuando empiezas todo será difícil”, menciona el exbeisbolista.

Valenzuela adquirió a los Tigres de Quintana Roo, en el 2017.

Su carrera como lanzador se “resume” en dos décadas de 1977 a 1997. Con 17 años, Fernando Valenzuela debutó con los Mayos de Navojoa en la Liga Mexicana del Pacífico y para 1979 llegó vía préstamo de Ángeles de Puebla a los Leones de Yucatán, de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB).

Ese año fue elegido como el Novato del Año, al concluir con una marca de 10-12 y un promedio de carreras limpias de 2.49, cualidades hicieron que al chico originario de Etchohuaquila, Sonora, que los Dodgers lo firmaran en 1980.

“Él no era velocista, era mañoso, astuto, pícaro. Es el ejemplo. Tú no le ibas a ganar con la cabeza y el corazón. Es el científico, como yo le digo beisbolísticamente”, comenta Isidro Monge, coach de pitcheo de los Guerreros de Oaxaca y quién lanzó en Grandes Ligas de 1975 a 1984.

Cuando los Dodgers firmaron a Valenzuela, su repertorio de lanzamientos era recta y curva. La novena le pidió que incluyera el screwball y fue que comenzó a perfeccionar el lanzamiento. Lo cual no fue tan sencillo para Fernando.

Valenzuela Anguamea comenta en una entrevista para Clío que fue lo que le ayudó en su carrera. “Puedes tener velocidad, pero no control y es como si no tuvieras nada”.

“En eso se basó su carrera para ser un pitcher dominante, pasaban los años y no le podía batear ese screwball”, indica Guillermo Celis, periodista y comentarista de beisbol para ESPN.

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Valenzuela formó parte de seis organizaciones en Grandes Ligas: Los Ángeles Dodgers, Angels, Baltimore Orioles, Philadelphia Phillies, San Diego Padres y St. Louis Cardinals.

Con los Dodgers disputó de 1980 a 1990, acumuló 141 juegos ganados, que lo colocó en el octavo lugar en la franquicia.

Él cambió la dinámica en el deporte tanto en Estados Unidos como en México y en 1981 comenzó la “Fernandomanía”, año en el que gana en Grandes Ligas el CY Young y novato del año, se convirtió en el primer jugador en obtener ambos premios en el mismo año.

“(Fernando) Valenzuela fue un parteaguas, que tuvo sus repercusiones es Estados Unidos, porque el beisbol estaba en un momento muy difícil porque vino la huelga e hizo que regresaran aficionados, que estaban un poco alejados del deporte, a partir de la “Fernandomanía” regresaron y se empezaron a transmitir todas las aperturas, en vivo, cuando sólo se transmitían partidos los sábados. La gente se volvió a interesar y fue por muchos años”, menciona Guillermo Celis.

Previo a las temporada de 1981, el Dodger Stadium sólo en dos ocasiones había sobrepasado los más de 3 millones de asistentes durante la temporada. Posteriormente, de 1982 a 1986, se convirtió en algo habitual para el equipo. La proporción de latinos que acudía al parque de pelota pasó de 8% a casi 30 por ciento.

El culpable portaba el número 34. El pitcher se convirtió en uno de los principales activos de la novena.

En la radio pasaron de tres a 17 estaciones que transmitieron los partidos de los Dodgers. En Estados Unidos, el representativo de Los Ángeles fue el primero en Grandes Ligas en tener transmisiones en español (data de 1958).

El expitcher Ismael Valdéz describe que México y otras naciones de América Latina se paralizaban por ver lanzar a Fernando, “un pelotero con un deseo de sobresalir más allá de lo normal, porque lo normal sería tener talento, jugar, probablemente llegar (...) Lo que aprendí de él fue ese corazón de lucha”.

“¿Cuándo va a lanzar Fernando Valenzuela?” era la pregunta recurrente de los aficionados, cuando llamaban al teléfono del Dodger Stadium. Es 1981.

Jaime Jarrin, quien estuvo a cargo de las transmisiones de radio de los Dodgers, relató para LA Times que el interés por el pitcher fue tal que fue invitado a un almuerzo en la Casa Blanca, en el cual estuvieron Ronald Reagan y José López Portillo.

“Los hombres más poderosos del mundo esperaban en fila para recibir un autógrafo”, detalló.