“Es una conducta que todos sabían y conocían en el medio: jugadores, entrenadores, directivos, medios. Cada que querías negociar contrato, salía a colación”, escribió en redes sociales Ana Paola López Yrigoyen, futbolista del Club Pachuca Femenil. El comentario de la jugadora profesional es respuesta a las sanciones impuestas por la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) a 17 equipos de fútbol de la Liga MX.

Los clubes fueron sancionados por prácticas monopólicas que afectaron la competencia, pero también pueden traducirse en una historia dramática de violaciones de derechos laborales y hasta un atentado a la garantía de acceso al trabajo digno, protegido tanto por la Ley Federal del Trabajo (LFT) como por la Constitución.

En la Liga MX, los clubes —que también son empleadores— acordaron imponer topes máximos a los salarios de las futbolistas que profundizaron la brecha salarial entre mujeres y hombres, y les cerraron la llave a los futbolistas para negociar y contratarse libremente en nuevos equipos. Estas prácticas provocaron que la Cofece les impusiera multas que suman 177.6 millones de pesos.

De acuerdo con especialistas consultados, los acuerdos que tomaron los clubes afectan directamente los derechos laborales de las y los futbolistas en principios como “a trabajo igual, salario igual”, la no discriminación por razón de género, la libertad de contratarse, el trabajo digno y hasta la negociación colectiva y el derecho a demandar.

“Hay afectaciones desde temas muy básicos como la noción de trabajo digno a la que se refiere el artículo 2 de la Ley Federal del Trabajo. Vale la pena destacar que ambas relaciones laborales de jugadoras y jugadores se regulan por la Ley Federal del Trabajo en un capítulo especial y a pesar de que tiene ciertas reglas específicas, no deja de ser un trabajo como cualquier otro”, explica Carlos Ferran Martínez, socio director de la firma Ferran Martínez Abogados.

El lenguaje mismo en el mundo del fútbol de “comprar jugadores” donde se trata a la y a el futbolista como a una mercancía que tiene precio está lejos de cualquier concepto de trabajo digno, apunta el especialista.

Al menos en esta cancha de deterioro de derechos laborales, las tarjetas de amonestación fueron para los clubes América, Pachuca, Cruz Azul, Monarcas (hoy Mazatlán), Chivas, Santos, Tigres, Toluca, Pumas, Monterrey, Necaxa, Atlante, Tijuana, Atlas, León, Querétaro, Puebla y hasta la misma Federación Mexicana de Futbol (FMF) que integraron la lista de instituciones sancionadas por la Cofece.

“De no haber existido esta sanción habríamos pasado de noche estas acciones denigrantes. Por supuesto, la violación a la legislación mexicana tiene muchas aristas como la discriminación por razón de género y la ampliación de la brecha salarial de forma flagrante y manipulada”, subraya Sara Morgan, consultora y especialista en Derecho Laboral.

El pacto de caballeros, uno de los motivos de las sanciones de la Cofece, fue una conducta observada durante 10 años, la cual consistía en retener a los jugadores cuando su contrato había vencido y si otro club estaba interesado en el futbolista, necesariamente tenía que negociar con el equipo que lo había registrado, aunque la relación contractual hubiese llegado a su fin.

Este modelo de retención, de acuerdo con la Comisión Federal de Competencia Económica, “restringió indebidamente la movilidad de los deportistas y limitó su capacidad de negociación para obtener mejores salarios”.

Jugadoras, para ellas el castigo es mayor

La situación con las mujeres futbolistas es más cruda. La organización México ¿Cómo Vamos? destaca que mientras el promedio mensual del salario de las futbolistas ronda los 3,500 pesos, hay una diferencia abismal con los 640,000 que perciben sus pares hombres. Dicho de otra manera, las jugadoras de la Liga MX reciben 0.6% del salario que reciben sus pares hombres.

“Vale la pena mencionar que la primera temporada de la Liga MX Femenil se jugó en 2017. Dos años después, se posicionó como la tercera liga femenil con más asistencia en el mundo. Y de los sueldos, nadie habla”, destacó la organización en un comunicado.

La Liga MX Femenil tuvo un nacimiento marcado por el abuso. El segundo motivo por el cual la Cofece impuso las sanciones es porque, desde la creación del torneo, diversos clubes acordaron topes salariales para las mujeres futbolistas, segmentándolas en tres categorías:

Las jugadoras mayores de 23 años percibirían hasta 2,000 pesos por mes; las menores de 23 años, hasta 2,500 pesos mensuales y un curso de formación profesional; las futbolistas de la categoría Sub-17 jugarían por puro amor al deporte, pues no tendrían sueldo, sólo ayuda para transporte, estudios y alimentación. En 2018 la Liga intentó revertir esta disparidad e incrementó el tope a 15,000 pesos.

“La práctica, cuya duración fue de noviembre de 2016 a mayo de 2019, constituyó un acuerdo colusorio entre los Clubes que tuvo el objeto y efecto de manipular los precios —en este caso los salarios de las jugadoras— y evitar que los clubes compitieran por su contratación mediante mejores salarios, lo que no solo repercutió negativamente en su ingreso, sino también tuvo como consecuencia ampliar la brecha salarial por razón de género”, expuso la Cofece.

En ese sentido, Jaime Rodríguez Eguiarte, socio líder de la Práctica Laboral de la firma Ibarra, del Paso y Gallego, opina que estas acciones atentan contra el principio de "a trabajo igual, salario igual". “En estricto sentido, apegado a derecho, el trabajador es quien tiene el derecho a negociar las condiciones laborales con su empleador, al negarte esa posibilidad, te están causando un perjuicio”, agrega.

Por su parte, Sara Morgan señala que la multa exhibe el problema, pero no lo resuelve y se deberían ver convenios laborales resarcitorios con las mujeres futbolistas y disculpas públicas.

“Mejores prácticas laborales no sólo mejoran a quienes son parte del medio, sino que crean mejores ligas. Ligas realmente profesionales (o al menos en la femenil), y con más talento”, escribió la futbolista Ana Paola López.

En estos momentos, la pregunta que queda en el aire es ¿Deberían los futbolistas varones quedarse callados ante la injusticia que han sufrido en el mismo deporte sus compañeras? Cuestiona Sara Morgan.    

Dos mundos con retos compartidos

Las ligas varonil y femenil son disparejas en cuanto a condiciones laborales, pero son dos mundos que se unen en temas de retos, obvio con sus dimensiones particulares. Carlos Ferran señala que el futbol femenil tiene un largo camino por recorrer, en especial en materia salarial, pero el varonil enfrenta desafíos como la libertad de asociarse o hasta el propio derecho a demandar a los clubes como a cualquier otro empleador.

“Si bien los retos en el futbol varonil y femenil son distintos, ambos preocupan. Por un lado, la brecha salarial y por el otro, la mercantilización del trabajo, donde la gente es vista como mercancía”, expone el especialista.

La sindicalización de los futbolistas mexicanos para negociar sus propios contratos colectivos como ocurre en otros países es una de las asignaturas pendientes en México. Sin embargo, el temor a no ser contratado es uno de los factores que influyen en que tanto jugadoras como jugadores no pugnen por mejores condiciones.

“Los derechos están a salvo para pelearse y conseguirse ante las autoridades competentes, el problema es de oferta y demanda en el que hay muy pocos incentivos y muchísimos desincentivos para que un deportista presente una queja ante un equipo, porque si en México decides demandar a la empresa A, te queda la B, C, D y la que tú quieras. Lo cierto es que en el futbol si tú evalúas demandar a un equipo, es muy difícil que alguien te contrate”, explica Ferran Martínez.

En esa idea coincide Jaime Rodríguez, las pocas demandas que hay de futbolistas son el resultado de las dificultades que enfrentan para ser contratados por otros equipos debido al pacto de caballeros. “Si te peleas con un club y te vetan, ya nadie te contrata y eso es equiparable a las famosas listas negras que están prohibidas por la Ley Federal del Trabajo”.

En el 2019 la Cámara de Diputados avaló una reforma a la Ley Federal del Trabajo para terminar con el pacto de caballeros, la modificación al marco legal prohibió a los empleadores pactar con otros patrones para que no contraten deportistas profesionales.

Lecciones desde la banca del capital humano

El plano de los derechos laborales es sólo una de las ópticas con las que se pueden ver las prácticas monopólicas de los equipos de futbol. Alejandro Molina Bortoni, director de la consultora Revitalización Organizacional, considera que estas acciones representan lecciones para las empresas para el trato con sus colaboradores y el ambiente de trabajo que construyen.

“Hay tres tipos de cultura, las de indiferencia, las de poder y las de conexión. Los que hacen eso caen en las culturas de indiferencia, que son las peores, en las que le dices a la persona tú no importas, importa la organización, y generan resentimiento y este resentimiento actúa en contra de la organización”, expone.

En ese sentido, el consultor afirma que las culturas de conexión son las que tienen más éxito porque la empresa muestra el interés en las personas, generan engagement y compromiso, y además permiten que los colaboradores se desarrollen.

“Cuando yo quiero controlar y limito en una organización lo que puedes ganar y lo que puedes hacer, genero ese resentimiento que de hecho lo vimos en los futbolistas cuando quisieron agruparse para defenderse y para ir en contra de este llamado pacto de caballeros. En una organización pasa lo mismo, la gente se resiente cuando las reglas no son claras o están en contra del crecimiento y del desarrollo del colaborador”, apunta Alejandro Molina.

Bajo estas culturas organizacionales, el especialista afirma que “ponerse la camiseta” es prácticamente imposible. “Las organizaciones que tratan mal a los empleados o los topan en los que pueden desarrollarse y no se involucran con ellos generan indiferencia y lo acaban pagando las propias empresas”.

Las empresas que con este tipo de acciones generan trabajadores indiferentes, crean una cultura en la que la fuerza laboral no cuida los recursos ni se interesan por el crecimiento de la organización, señala.

Los especialistas consultados coinciden en que las situaciones expuestas por la Cofece a través de las sanciones son un ejemplo de lo que no deben hacer las empresas con sus trabajadores y de cómo en diversos sectores aún se presentan violaciones claras a los derechos laborales.