La Cámara Nacional de la Industria Panificadora y Similares de México (Canainpa) necesita personas “que resuciten la tradición del pan”, señala el presidente de ese organismo Carlos Otegui Hernández.

Ese sector es la tercera fuerza empleadora a nivel nacional, dice el líder de los panaderos. Después de las industrias automotriz y de la construcción, las panificadoras dan trabajo, directo e indirecto, a más de 1 millón 660,00 personas. Pero hace falta gente “que sepa y quiera al oficio”.

En entrevista para Factor Capital Humano, indica que el gremio aún no ha tenido contacto con la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS) del próximo gobierno federal para integrarse al programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Sin embargo, adelanta que sí podrían recibir y formar a nuevos panaderos.

Bueno para empresas y para quienes no estudian y no trabajan

Jóvenes Construyendo el Futuro es un proyecto del gobierno de Andrés Manuel López Obrador que, en una de sus vertientes, pretende vincular a la población juvenil con empresas formales. En esas organizaciones conseguirían experiencia y habilidades para encontrar empleo, además de recibir una beca de 3,600 pesos mensuales.

México es uno de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con mayor proporción de población joven que no estudia y no tiene trabajo. Mientras el promedio de la OCDE es de 15 por ciento, este país alcanza 22 por ciento.

A juicio de Carlos Otegui, el programa será benéfico para los jóvenes que están en esa situación, y también para las empresas. En agosto pasado supo un poco más de esta idea, durante una reunión de López Obrador, la próxima titular de la STPS, Luisa María Alcalde, e integrantes de la Confederación de Cámaras Industriales de México (Concamin), a la cual pertenece la Canainpa.

Diferencia entre capacitar y formar

Entre las más de mil empresas panaderas que integran la cámara “hay espacio para recibir a los jóvenes, pero hay que platicarlo a detalle, apunta. El organismo que representa a esta industria, que factura unos 120,000 millones de pesos anuales, está abierto “a la invitación formal”.

Sin embargo, considera que el plan debe estar muy enfocado a formar, no solo a capacitar. Para el líder empresarial, la capacitación puede darse en una semana, incluso en un solo día, pues está dirigida a reforzar conocimientos ya adquiridos. En las horas en las que se imparte, los trabajadores conocen nuevas formas de hacer el trabajo que ya venía haciendo.  

Formar implica invertir más tiempo, pues es crear a personal que no conoce el oficio, darle las bases necesarias para que sea un panadero, repostero o pastelero, opina. Es hacer “que se enamore y se comprometa con este trabajo”. Y ese tipo de capital humano es el que necesitan en la industria, insiste.

Tradición panadera en riesgo

Este programa gubernamental, dice, podría ayudarles a tener más y mejores panaderos y a que crezca el número de los agremiados en la Canainpa. Sería una buena contribución, sobre todo porque la tradición del panadero se está perdiendo en México, “hemos tenido problemas para conseguir gente que haga las diferentes variedades de pan”.

El perfil de los candidatos solo tendría dos requisitos: ganas de aprender el oficio y “que quieran mucho al pan”. No es imperioso que cumplan con otros requerimientos, pues “la cámara se encargaría de prepararlos y ellos de preservar esta ocupación”.

Actualmente la Canainpa ofrece cursos de capacitación a panaderos avalados por la STPS. El próximo año abrirá “una escuela de panaderos”, cuyos egresados estarán acreditados por el Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales (Conocer).

Las adversidades del sector

En el país hay más de 50 mil establecimientos dedicados al pan, pero 70 por ciento son informales. En ese entorno “es muy difícil” que las empresas dadas de alta en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) puedan crecer, recrimina Carlos Otegui.

El número de panaderías fuera de regla aumentó a partir de 2014, sostiene. En ese año el Senado de la República resolvió que el pan dulce debía pagar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) por su alto contenido calórico. Desde entonces, esos productos están gravados con 8 por ciento sobre la venta al público.

El alza de precios de las materias primas y de los energéticos también los han perjudicado. No obstante, espera que la siguiente administración federal haga esfuerzos para mejorar la situación de la industria panadera.