A diferencia de los meses anteriores en los que la recuperación del empleo se concentró en los niveles salariales más bajos, en el penúltimo mes del año el crecimiento de la población ocupada estuvo ligado a una mejoría en los ingresos de las personas.

El último reporte de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) refiere que el crecimiento de la población ocupada en noviembre estuvo acompañado de un ligero incremento de 1.3% en los trabajadores que perciben entre 2 y 3 salarios mínimos (entre 8,600 y 13,000 pesos mensuales) y un aumento de 3.7% entre quienes ganan entre 3 y 5 salarios mínimos (entre 13,000 y 21,500 pesos mensuales).

En consecuencia, disminuyó la población trabajadora en los perfiles salariales más bajos. En el grupo que percibe hasta un salario mínimo (hasta 4,300 pesos mensuales) la población trabajadora se redujo en 3.4% y en el rango de entre uno y 2 salarios mínimos (entre 4,300 y 8,600 pesos mensuales) la contracción fue de 0.6 por ciento.

De esta manera, a pesar de que el ritmo de creación de puestos de trabajo fue más moderado en noviembre, quienes se incorporaron a una ocupación lo hicieron en mejores condiciones de ingresos.

Sin embargo, pese a que mejoró la calidad del empleo en términos de percepciones, en el penúltimo mes del año las condiciones en materia de protección no fueron las más óptimas. A la par de la incorporación de personas la fuerza laboral disminuyó 0.4% la población trabajadora con acceso a una institución de salud, pero el aumento fue ligeramente mayor en el otro extremo, crecieron 0.6% los trabajadores sin acceso a seguridad social.

Esto puede deberse a que de las 119,000 personas que se incorporaron a una actividad productiva en noviembre, el 81% lo hizo en el renglón de empleadores, además de que el trabajo por cuenta propia mantuvo su fortalecimiento.

En los últimos meses la recuperación del nivel de ocupación previo a la pandemia ha mostrado matices de precariedad laboral, concentrando la creación de puestos en los perfiles salariales más bajos, en la informalidad, en el trabajo independiente y con una subocupación que se mantiene en niveles superiores a los observados antes de la emergencia sanitaria.

En noviembre, la subocupación se redujo 0.58 puntos porcentuales para ubicarse en 10.49%, una proporción aún lejana a sus niveles prepandemia y lo que implica que hay casi un millón de personas más en esta condición de lo que se reportaba antes del impacto de la emergencia sanitaria por la Covid-19 en el mercado laboral.

En el mes pasado, del total de personas que se sumaron a la población ocupada, 23,035 lo hicieron en condiciones de trabajo subordinado y remunerado. Pese a este incremento, este renglón sigue en un nivel de 810,000 plazas por debajo de lo observado en marzo de 2020, mes previo a las afectaciones en el empleo por las restricciones económicas.

Por el contrario, el trabajo por cuenta propia no sólo ha recuperado su nivel de personal ocupado, sino que ahora abarca a 1.1 millón más de personas en esta condición. La dinámica es similar en el trabajo no remunerado, que a pesar de la reducción en noviembre, suma a 308,285 personas más de las que se ubicaban en esta condición en marzo del año pasado.

Estos comportamientos explican en buena medida la recuperación que ha tenido el mercado de trabajo en condiciones más adversas de las que se observaban con antelación. Aunque la ocupación ya retornó a su proporción prepandemia, hay indicadores que se mantienen por arriba de sus niveles normales y que se traducen en mayor cantidad de personas en precariedad.

La brecha laboral es otro indicador que refleja la debilidad que mantiene el mercado de trabajo y que incluye a la población desocupada, personas inactivas disponibles y trabajadores en subocupación. En el penúltimo mes del año este indicado descendió siete puntos base para situarse en 23.6%, su nivel más bajo en lo que va de la pandemia, aunque en esta condición aún hay 3 millones de personas adicionales a lo observado previo al impacto de la Covid-19 en el mercado de trabajo.