Lucharon por despojarse de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y, de alguna manera, lo consiguieron. Ahora van por la titularidad del contrato colectivo de trabajo (CCT). Ahí los obstáculos son empresas, autoridades y viejos liderazgos sindicales; también la falta de participación, formación y experiencia democrática de trabajadoras y trabajadores.

“Comenzamos a organizarnos hace dos años y ahora llegamos a esta dirigencia para obtener mejores condiciones laborales y salariales” para el personal de General Motors (GM) en Silao, dice Alejandra Morales Reynoso, secretaria general del Sindicato Independiente Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Industria Automotriz (SINTTIA). Al principio, lo hacían a escondidas, cuenta. 

Nuevas figuras quieren incidir, pero para qué exactamente y de qué manera, cuestiona Cirila Quintero Ramírez, profesora-investigadora de El Colegio de la Frontera Norte. “El peligro es que algunos sindicatos o confederaciones que no vienen desde las bases se puedan aprovechar de estos movimientos”, advierte.

En Matamoros, Tamaulipas, y en Silao, Guanajuato, surgieron nuevos sindicatos que buscan representar al gremio automotriz en sus localidades. En la planta de Nissan en Aguascalientes también rechazaron a la CTM y la mayoría optó por entregar su CCT a la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), dirigida por Pedro Haces.

Para la doctora Cirila Quintero éste de la CATEM “es un caso concreto” que ejemplifica el riesgo de la supuesta alternancia. Desde hace unos años esa organización “empezó a reconfigurarse con un discurso de democracia sindical, pero en realidad es una separación de la CTM”.

Otra organización en el foco de la polémica es el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM). En ella, Rubén Choreño, al tiempo que marca distancia de la administración de Carlos Romero Deschamps, exige a la Secretaría del Trabajo (STPS) ser reconocido como el nuevo líder.

El siguiente paso en Silao

En abril de este año, el personal de GM Silao acudió a las urnas para avalar el contrato que el Sindicato Miguel Trujillo López, de la CTM, firmó con la empresa. Para asegurar que así fuera, la trasnacional presionó a trabajadoras y trabajadores y, al darse cuenta que la mayoría lo rechazaba, saboteó el proceso junto con la organización sindical.

El gobierno estadounidense intervino e interpuso una queja laboral mediante el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La STPS confirmó las irregularidades y ordenó reponer la votación, la cual se llevó a cabo el 17 y 18 de agosto,  y nuevamente ganó el rechazo a ese sindicato y al contrato que había negociado.

Hace unas semanas la STPS informó que el CCT estará vigente hasta el 3 de noviembre. Eso atrasará el proceso para que el SINTTIA busque la representación, dice la abogada Patricia Juan Pineda. Ese sindicato debe obtener primero la constancia de representatividad para negociar un nuevo CCT. “Pero no tenemos fechas para iniciar el proceso por esa prórroga”.

Y en el impasse, GM no está respetando el contrato, asegura. “Hemos llegado a casos extremos, como el de una trabajadora a quien se les negó el traslado a un hospital cuando se sentía muy mal. La médico, entre burlas, la cuestionó: ‘pero querían que ganará el no, ahora toma un analgésico’”.

En 2019, un grupo de trabajadores que exigió democracia sindical fue despedido, recuerda la abogada. Israel Cervantes, uno de los líderes más visibles del movimiento disidente, es uno de ellos. “Le practicaron un examen toxicológico y salió positivo”, aunque pocas horas después él se realizó otro que resultó negativo.

Ahora temen por Alejandra Morales Reynoso, secretaria general del SINTTIA. Según Patricia Juan, hace unos días la empresa le exigió “un examen biológico”. Con otros trabajadores ya lo lograron, “y lo peor es que los vigilaron cuando tomaban las muestras de orina. A ellos hasta pena les daba decirlo, se han sentido muy humillados”.

“Si es verdad que esto es parte del monitoreo de salud ocupacional, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la STPS deberían estar al tanto, pero no es así. Me dijeron que en mes y medio me darán los resultados, ¿por qué tanto tiempo”, pregunta la dirigente.

Lo han hecho con otros trabajadores e integrantes de la dirigencia del SINTTIA. “Lo peor es que los vigilaron cuando tomaban las muestras de orina. A ellos hasta pena les daba decirlo, se han sentido muy humillados”, narra Patricia Juan.

“La empresa nos tiene muy vigilados, nos quitan gente para estar dentro de la línea de trabajo todo el tiempo y evitar que dialoguemos con compañeros. Me han dicho que se siente mucha tensión, y yo también la siento”, agrega,

La CTM ha dicho que impugnará la decisión de terminar con el CCT que esa confederación firmó con GM, comenta Alejandra. “Es para tener el control” por más tiempo.

“Fue difícil que nos organizáramos por la presión, los despidos y amenazas, pero lo hicimos. Como no había una mejor opción de sindicato, decidimos formar el nuestro, aunque nos llevara más tiempo. En julio obtuvimos nuestro registro y en agosto, con el voto de la mayoría, rechazamos rotundamente el contrato que el sindicato Miguel Trujillo negoció”.

Sus principales objetivos, asegura, es el aumento salarial, mejorar las prestaciones y restituir en su puesto a quienes fueron despedidos en la lucha.

“Otra de las principales tareas es informar a los compañeros de nuestros derechos laborales. Mira, la gente sabiendo cuáles son sus derechos comienza a alzar la voz; por eso mucha nos está apoyando, porque nosotros sí les decimos a qué tenemos derecho”, puntualiza.

El reto de la concientización laboral

Cirila Quintero lleva más de 30 años estudiando los movimientos obreros en Matamoros y asegura que el estallido de 2019 tuvo varios motivos y la mecha se encendió desde hace muchos años. La trayectoria del sindicalismo en dicha cuidad data, al menos, desde 1928, cuando jornaleros y, años después, algodoneros, se organizaron, explica.

De los contratos que lograron esos gremios, las trabajadoras y trabajadoras de las maquiladoras heredaron dos cláusulas: cuando hay incremento salarial a nivel nacional, la empresa les debe dar otro de igual porcentaje y un bono proporcional a ese incremento.

Así que en 2019 su sueldo debió haberse duplicado y el bono tenía que ser de 32,000 pesos, pero las empresas se negaron a cumplir lo pactado. Entonces el auge por el cambio de régimen federal influyó y la abogada Susana Prieto, hoy diputada federal por Morena, lo supo canalizar, opina.

Desde 2015 intentaron emanciparse de la CTM, pero las empresas lo impidieron cediendo ante algunas demandas. En julio, Susana Prieto anunció que el Sindicato Nacional Independiente de Trabajadores de Industrias y Servicios “Movimiento 20/32” (SNITIS) demandó la titularidad del CCT en Tridonex, en manos de la CTM.

Pero “la CTM no va a desaparecer. La pregunta es quién se está fortaleciendo con estos procesos que se supone son para abrir paso a la democracia sindical”. La especialista en estudios del trabajo es escéptica de que “haya un cambio de esencia en las dirigencias” que beneficie a las bases.

Desde la reforma laboral de 2019 se han registro muchos sindicatos que llevan el apellido de independientes y “¿realmente lo son?”. Las nuevas reglas privilegian el voto, pero para llegar a las urnas todavía debe haber una concientización previa de trabajadoras y trabajadores, dice.

En la alfabetización sindical deben participar también las autoridades, considera. Alejandra Morales coincide con ella y agrega que las organizaciones gremiales necesitan su acompañamiento e incluso protección.

“Así como la STPS mandó inspectores cuando se repuso la votación para legitimar el contrato colectivo, requerimos que lo siga haciendo. Necesitamos que vigilen esta nueva etapa, porque seguimos siendo presionados y así no podemos avanzar en la democracia sindical”, apunta la dirigente del SINTTIA.