Un sindicato, pero no cualquiera. Uno que pertenece a una de las centrales obreras más grandes del país: la Confederación de Trabajadores de México (CTM), con más de 4 millones de personas afiliadas. Una empresa, pero no cualquiera, sino General Motors (GM), cuyos ingresos mundiales en el primer trimestre de 2021 fueron de más de 32,000 millones de dólares. Y un contrato colectivo de trabajo (CCT) no legitimado por la mayoría del personal de la planta de Silao, Guanajuato.

Para el presidente colegiado de la Unión de Juristas de México, Pablo Franco, éste es un caso emblemático y una primera prueba para la reforma laboral. Inés González, una de las coordinadoras de la Red de Mujeres Sindicalistas, opina que esa disidencia da esperanzas al movimiento obrero en otras partes del país.

Pero, antes de festejar, ambos señalan los claroscuros del sindicalismo en México y advierten que la reforma no es una “barita mágica” que revierta años de control y corrupción. Por esos cambios a la Ley Federal del Trabajo (LFT) de 2019, todos los CCT deben ser legitimados por quienes integran los sindicatos antes del 2 de mayo de 2023. Luego, cada cuatro años.

A eso se disponía a finales de abril el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Metal-Mecánica, Sidero-Metalúrgica, Automotriz y Proveedores de Autopartes en General, de la Energía, sus Derivados y Similares de la República Mexicana “Miguel Trujillo López”. Pero ante una serie de irregularidades, la Secretaría del Trabajo (STPS) declaró nulo el proceso. Iba ganando el “No” al contrato colectivo.

El sindicato Miguel Trujillo López tiene la titularidad del CCT de la planta de Silao. Pero su secretario general, Tereso Medina, nunca ha trabajado ahí. Ha sido senador, diputado local y federal siempre en representación de Coahuila, de donde es originario. También es el secretario General de la Federación de Trabajadores (CTM Coahuila).

“El rechazo fue más bien a la dirigencia”, sostiene Inés González. La académica y activista ha revisado ese contrato y asegura que no ofrece precisamente condiciones precarias. Así que la legitimación fue la coyuntura para repeler a un sindicato que no ha sido elegido democráticamente, apunta.

Abandonar la plaza

Hasta ahora, cerca de 1,000 CCT han sido legitimados, recapitula Pablo Franco. Pero existen entre 500,000 y 580,000, “no es ni el 1%”. Aún queda tiempo, sin embargo, esto ya muestra que los sindicatos no están acompañando la reforma laboral. Y es porque no están convencidos de las formas democráticas, opina.

También confirma que “teníamos razón quienes proponíamos esta reforma desde la década pasada, que la negociación colectiva, los contratos colectivos y los liderazgos son ilegítimos”.

El proceso de legitimación va muy lento “y la inmensa mayoría no ha empezado”. Pronostica que muchos sindicatos esperarán a 2023 y buscarán un mecanismo de última hora para hacerlo. Otros “van a abandonar la plaza”.

Para lo que sea que ocurra, es necesario que las personas trabajadoras sepan qué hacer. Por eso el especialista en movimientos sindicales plantea la necesidad urgente de fomentar la “ciudadanía laboral. Es decir, que conozcan sus derechos y los ejerzan con una perspectiva ciudadana que hasta hoy no ha habido”.

El proceso de cambiar el mundo del trabajo y, concretamente, el de los sindicatos “es de muy largo tiempo. No porque ya se publicó la reforma en unos días seremos otros”, apunta la feminista Inés González. “Se trata de romper una cultura con la que se ha controlado a los trabajadores y las trabajadoras del país”. Pero por algo que hay que empezar y conociendo los derechos es una manera, agrega.

¿Nuevo sindicalismo?

Lo que ocurrió en la planta de GM de Silao, en la que laboran unas 6,000 personas de las casi 20,000 que esa empresa estadounidense ha contratado en México, “no nos lo esperábamos”, confiesa.

Un movimiento surgido en 2019, con 18 trabajadores despedidos que habían exigido la democratización del sindicato, logró el apoyo de organizaciones estadounidenses. Mediante el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) el gobierno norteamericano le pidió al mexicano revisar el caso.

Pero la rebelión no debe quedar en la desaprobación de su CCT. Ahora ese grupo disidente debe plantearse “qué aporte hará a la democracia y al futuro del sindicalismo mexicano”, opina Inés González. Y en general, hay que cuestionarnos “qué tipo de sindicalismo queremos”.

Son pocos los sindicatos con cierto grado de transparencia “y decencia”, lamenta Pablo Franco. “He participado en varios procesos democratizadores y concluyo, con tristeza, que terminan siendo más de lo mismo porque no hay una cultura democrática en los liderazgos, sino de beneficio personal”.

No han funcionado porque suelen ser “desprendimientos de los sindicatos originales, sin vocación de cambiar” las formas añejas. La ciudadanía laboral, insiste, cambiará esa cultura en la que es posible que surjan otros liderazgos. Mientras, los actuales tendrán que sujetarse a la supervisión, verificación y presión de quienes sí conocen sus derechos. “Pero es muy pronto para esperar los resultados”.

Por ahora, la atención está puesta en Silao y la nueva votación del CCT en junio, pero no sólo por parte de las autoridades, también de las centrales obreras tradicionales.