Al paso que va, llegará a su segunda jubilación. Graciela del Ángel Morales tiene 72 años y 11 de ellos ha estado trabajando como demostradora de alimento para mascotas. “Me siento feliz, útil, independiente”, dice esta mujer que es abuela de dos niñas. 

Desde hace más de una década, de jueves a domingo, convence a los clientes del supermercado que Ganador es la mejor croqueta para su perro. Se sabe al dedillo las características de los productos de la competencia para poder compararlas y lograr que compren el suyo.

“Muchos quisieran mi trabajo, por eso lo cuido”, cuenta en entrevista con Factor Capital Humano, mientras aprovecha que nadie se acerca a los anaqueles de comida para animales domésticos en el Walmart Tepeyac, cerca de la Villa, en el norte de la Ciudad de México. En nuestro país, el 34 por ciento de las personas mayores de 60 años tiene un empleo, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Jubilada y en busca de trabajo

En 2007 Neovia, un fabricante francés de productos para la salud y nutrición animal, comenzó a contratar adultos mayores. La función que les asigna es promocionar sus productos para perros y gatos en  tiendas de autoservicio. 

“Son las cosas de la vida”, comenta Graciela del Ángel sobre “la suerte” que tuvo al encontrar ese trabajo. Su mamá acababa de fallecer, ella la había cuidado desde hacía mucho y el último año lo hacía de tiempo completo, pues acababa de jubilarse del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste). 

Tenía 61 años, y sin la responsabilidad del cuidado de su madre, quiso volver a trabajar. Un día que acudió al Instituto Nacional de Adultos Mayores (Inapam) para realizar un trámite vio que había un área donde les ayudaban a encontrar trabajo. 

En el Inapam la contactaron con una empresa de tercerización. Era el año 2007, cuando Neovia empezó a abrir sus puertas a personas de su edad. Las cosas de la vida, como dice ella, fue que al poco tiempo de buscar empleo encontró uno.

Abuelos económicamente activos

“La intención es emplear a gente que normalmente no tiene oportunidades laborales”, señala en entrevista telefónica Gabriela Espinosa de los Monteros, directora de Recursos Humanos de Neovia. 

En el país hay más de 13 millones de adultos mayores, según el Inegi. El 66 por ciento no son económicamente activos. “Muchos queremos trabajar, por deseo o necesidad”, pero no es fácil que los contraten, afirma la señora Graciela. 

En 2007 “teníamos a 13 colaboradores, ahora son 29”, informa Gabriela Espinosa. Sus edades van de los 63 a los 82 años y están distribuidos en el Valle de México, Puebla, Mérida, Villahermosa y Guadalajara.

Tienen un sueldo fijo de 4.100 pesos al mes, trabajando cuatro horas diarias durante cinco días a la semana, indica Graciela del Ángel. La directiva de Neovia especifica que la nómina de ese grupo de 29 empleados asciende a 1.7 millones de pesos anuales. 

El secreto de la juventud 

Graciela del Ángel lleva una vida trabajando. Nació en la Ciudad de México y a los 17 años tuvo su primer empleo. Luego de la secundaria estudió una carrera técnica en comercio, en un instituto en la colonia Juárez. Cuando tuvo la mayoría de edad entró al Issste, donde hacía funciones administrativas. 

Quería seguir estudiando, pero la situación económica de su casa no se lo permitió. A temprana edad tuvo que aportar al gasto familiar. Más de 50 años después lo sigue haciendo, ahora en su propia familia. Aunque su esposo también trabaja, “me siento muy bien participando”, explica.

“La gente me dice que no aparento mi edad”, presume coqueta. El secreto: “estoy activa, me siento útil”. Nunca le ha gustado padecer premuras económicas, y mientras tenga la energía para evitarlo, lo hará, advierte. 

Adultos mayores, los mejores en ventas

Demostradores de productos de otras empresas le han preguntado cómo consiguió ese empleo. “Me dicen que quieren mandar a sus mamás, pero no se trata de eso”, considera. Ellas deben tener el deseo, la fuerza y la capacidad para tratar con la gente, explica. 

Graciela ha desarrollado bien esa capacidad. Sonríe siempre, habla con seguridad, informa a los clientes cuántas proteínas tienen las croquetas Ganador y cuántas las de la competencia. “Y nuestro producto es el mejor de todos”, comenta sin perder la oportunidad.

Los adultos mayores “son súper animosos, leales a la empresa, se identifican muy bien con el producto, hacen nexos con clientes”, valora Gabriela Espinosa, encargada de Recursos Humanos de Neovia. 

A diferencia de los jóvenes, continúa, ellos “buscan más contacto con las personas. Esto en ventas es muy bueno, porque le transmite confianza al comprador.

Capacitación, seguridad social y prestaciones 

Cada seis meses, los colaboradores veteranos de Neovia reciben capacitación en función de los cambios en los productos, estrategia de marca o promociones. En los mismos puntos de venta, los supervisores les indican periódicamente técnicas de venta.

A ninguno de los 29 demostradores les proporcionan seguridad social, pues todos están jubilados ya sea por el Issste o por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Sin embargo, no es requisito que sean personal jubilado para que esa empresa trasnacional los contrate, aclara la ejecutiva de Neovia, pues la compañía se los proporcionaría.

El 60 por ciento de los adultos mayores que se ocupan de manera subordinada no tiene acceso a instituciones de salud por su trabajo, según el Inegi. El 61 por ciento labora sin contrato y casi la mitad no cuenta con prestaciones. De hecho, 73 por ciento trabaja de manera informal.

Graciela del Ángel está pensionada por el Issste, así que es atendida en esa institución. “Es una ventaja para mí y para quien me contrata. Per si no lo tuviera lo exigiría”, afirma. Las prestaciones que le otorgan, informa, son un bono a fin de año y una ayuda para transporte.

Ínfima rotación

En general todos cuentan con buena salud, “pero en un tiempo algunos comenzarán a enfermar. Hay que cuidar de ellos y darles información”, refiere Espinosa de los Monteros sobre los retos de su área con ese personal. 

En 2014, había 3.4 millones de personas de más de 60 años con alguna discapacidad, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID). De ellos, 24 por ciento trabajaba.

Sin embargo, independientemente de la buena o mediana salud que tengan, con ellos “no tenemos problemas de rotación, se casan con el producto”. El promedio de antigüedad es de casi 7 años, pero hay quienes como la señora Graciela que llevan el mismo tiempo que Neovia con ese programa: 11 años.

Cuando entró a la empresa creyó que bromeaban cuando le dijeron: “sería más fácil que usted se aburriera, que nosotros la sacáramos”. Desde hace una década, hace su mejor esfuerzo para que Ganador se posicione, “porque no cualquier empresa se atreve a tener personas de la tercera edad”.

El dinamismo de la juventud y el temple de una persona mayor

Neovia tiene más de 7.000 empleados en 28 países. En sus 11 plantas y el corporativo en México emplea a 1.800 colaboradores. Solo en este país existe la iniciativa de emplear a gente de más de 60 años.

 “Todo el dinamismo de la juventud y el temple de las personas mayores” hacen una perfecta combinación, sostiene Gabriela Espinosa, la directora de Recursos Humanos. Considera que ha llegado el momento para que las industrias tomen consciencia de que la gente quiere aportar, no solo recibir. 

“La fortaleza de las empresas es en el empoderamiento de las personas para que te hagan llegar ideas y te informen de lo que les incomode”, subraya. 

La señora Graciela no piensa en jubilarse (nuevamente). “Hasta que Neovia me diga ya, me voy. O hasta que mi cuerpo aguante, pero por ahora me siento muy bien”.